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¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase pero nos cuesta creer en ella?
La realidad es que sí lo es…lo que pasa es que cuando las cosas no salen como nosotros deseamos o planeamos llegamos a sentir que perdemos el control y eso nos hace creer que no son perfectas. La clave es sentirnos tranquilos, seguros, en paz y confiados aunque perdiéramos el control y las cosas no salieran a nuestro antojo.

Es decir, fluir con la vida día a día… pero nos cuesta tanto trabajo. Y lo más curioso es que en realidad no tenemos control de nada, infinitas posibilidades pueden suceder cada segundo. Puedo creer tener el control al cocinar, pero si mi hija se lastimó en ese mismo instante, acudiré primero a atenderla a ella y ya perdí el control de la comida y también el del bienestar de mi hija, o sea que perdí el control de todo en ese momento. Tal vez hasta de mi misma si me quemé en la cocina o si me puse nerviosa con la herida de mi pequeña.

Así es la vida…impredecible…el reto es aprender a perder el control con calma, con inteligencia, creatividad y buen humor confiando en la perfección de las circunstancias y el por qué.
La pregunta clave es ¿cómo le hago para confiar en que todo es perfecto?

Primero: creer que podemos tener control todo el tiempo es el gran error. Así es, puedo controlar algunas cosas como el salir temprano de mi hotel para llegar a tiempo al tour de pesca, pero no puedo controlar que el capitán de la embarcación haya amanecido enfermo y no haya otro capitán disponible. Lo ideal es entender que hay momentos en los que podemos tener cierto control sobre algunas cosas y hay momentos en los que no.

Segundo: a veces puedo controlar mi reacción. Tengo dos opciones, ya sea enojarme y gritarle a la persona que me vendió el tour, o puedo respirar, tomarlo con paciencia y llegar a un acuerdo con esta persona. En otro caso, como en la muerte de un ser querido, muchas veces no podré controlar mi reacción, me enojaré, gritaré y lloraré y es sano hacerlo. Debemos entender que hay situaciones en las que debemos actuar con madurez  y hay situaciones que son más fuertes que nosotros.

Tercero: aceptar en lugar de luchar por cambiarlo. En cualquier situación la clave es aceptar que así es, no puedo hacer nada por cambiar lo que ya sucedió. No puedo hacer nada si el capitán ya se enfermó, más si puedo hacer algo para aprovechar mi día como pasear en bici conociendo el lugar. No enfrascarme en querer cambiar algo que ya no es posible o lamentarme por ello, sino cambiar y enfocar mi energía en lo que puede ser. Igual aceptar que mi familiar ya falleció en lugar de luchar por algo imposible como revivirlo. Hay momentos en que luchar y esforzarse por mejorar la situación es posible si hay solución alterna, pero hay momentos en que simplemente debemos aceptar y seguir con la vida.

Cuarto: confiar que todo pasa por algo mejor. Al pasar el tiempo siempre entendemos porque suceden las cosas, que todo tiene su razón de ser y siempre es por algo mejor. Que hubo una tormenta en altamar el día del tour, que al llevar a mi perrita al doctor nos dimos cuenta que tenía un tumor y pudimos curarla a tiempo y está sana, que la muerte de mi ser querido me ha hecho más fuerte y he aprendido las lecciones que esto conlleva. Si somos inteligentes, aunque en el momento nos duela, nos pese, nos enoje, sabremos descubrir qué es lo mejor que está por venir.

Quinto: sonríe. Si tomamos todo con actitud positiva y sonreímos antes las situaciones, entenderemos y agradeceremos con el tiempo que… TODO ES PERFECTO.
Recuerdo cuando mi esposo y yo quisimos volver a rentar una casa en la que ya habíamos vivido y no nos la quisieron rentar. Duramos varias semanas lamentándonos, pensando cómo era posible que no nos la quisieran rentar si éramos tan buenos inquilinos (según nosotros), deduciendo cuáles eran las razones por las cuales no nos la querían rentar, llamando al casero y tratando de convencerlo. Hasta que un día un conocido nos comentó de otra casa y nos la describió, fuimos a verla y era mucho mejor que la primera, así que la rentamos inmediatamente.

En esta situación podemos analizar como nosotros queríamos controlar el que nos la rentaran, en lugar de aceptar que no era posible y enfocar nuestra energía en la búsqueda de otra casa. Ahora sonreímos y nos reímos de nuestra terquedad y reflexionamos en que por algo pasan las cosas y que esa casa nueva era mejor que la primera y perfecta para nosotros en ese momento… hasta que decidimos mudarnos.
Saludos y bonito mes…