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La familia representa la estructura social primigenia, de las formas de organización y funcionamiento de toda sociedad con una estructura política, una constitución tradicional de valores morales e instituciones formales de educación. La familia cumple el principal rol socializante al trasmitir, de generación en generación, valores y creencias sedimentados por la cultura y las adaptaciones que habitualmente los modifican de alguna manera.

La familia, es siempre un foco de moralidad, una escuela de devoción, de abnegación, de comunión moral, porque posee ciertas características que no se encuentran en otra parte. La familia no es sólo un grupo de individuos relacionados sólo por consanguineidad. Es un grupo de personas que se encuentran unidas en el seno de la sociedad política por una comunidad

Tradicionalmente, la familia constituía el núcleo esencial de producción y consumo de la sociedad. Las obligaciones con fines de obtener utilidad del trabajo diario eran parte de la planificación familiar y como tales, subordinadas a los “actos de autoridad” del cabeza de familia. La familia no encontraba en las demás organizaciones sociales, competidores que pudieren contradecir el contenido de los valores que ella ofrecía. Los planes y proyectos de vida, individuales y colectivos se encontraban supeditados a la autoridad del jefe familiar, quien establecía los márgenes de acción a través de una escala de valores.

Hasta hoy, familia ha seguido comportándose como una estructura imprescindible para el mantenimiento de los valores con miras al perfeccionamiento de los procesos de estructuración social, pero ya no en la dirección exclusiva de su propia formulación y como organización social, sino como instrumento accesorio de los procesos de socialización y fijación de una moral del capital.

Esto se debe, a que la esfera productiva es el eje en torno al que gira toda posibilidad de felicidad. El modo capitalista de acumulación de capital y a la adaptación de los cálculos de utilidad a recursos tecnológicos de acelerado desarrollo ha conducido a un rompimiento de los vínculos consanguíneos que unifican a las familias.

El paso de la familia como centro unidad imprescindible a ser sólo un instrumento accesorio de socialización y moralidad genera una desestructuración tal que las formas de autoridad antes claras y expresables no sólo se ven opacadas y desplazadas, sino también se observan marginadas y contradichas por esquemas de utilidad y programaciones de vida que desean alejarse del vínculo familiar constituido por la autoridad, el ejemplo, la experiencia y la capacidad de planificación del o los jefes de familia. En consecuencia, el desafío es, sin duda regenerar los esquemas de socialización y planificación familiar para dar claridad a los valores y se re-defina la autoridad necesaria para crear y conservar un mínimo de estabilidad en el orden social.

Los grandes problemas sociales tienen su origen en los grandes problemas de las familias y los grandes problemas de las familias tienen su origen en no tener claros los valores que sostienen la comunión entre las personas. Estos valores nunca serán los que rigen en el sistema económico capitalista y neoliberal. Al final, la transformación de la sociedad empieza en cada familia que es capaz de la unidad en la diversidad. Esta es mi apuesta.

P. Beto CSB.