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Cúpula / Intervención militar blanda

Columna publicada el martes 20 de enero de 2026.

Para describir el actual escenario mexicano debemos recordar el título de una película de Pedro Almodóvar “Mujeres al borde de un ataque de nervios”.

Así, de la misma forma vemos a varios protagonistas de la clase gobernante.

Los desplantes y arrebatos de Donald Trump tienen a políticos mexicanos en un estado de conmoción.

Algunos ya desaparecieron de la escena pública y de plano evitan las cámaras.

Desde el operativo que se desplegó sobre Venezuela, la élite mexicana se encuentra estupefacta, sabedora que cualquier cosa puede suceder.

La lista de narco políticos no es un mito, es completamente real.

Esas listas existen desde 1985, año del secuestro y asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar.

Los objetivos prioritarios también llamados “sujetos de interés” se confirmaron en 1997 con la captura del General Jesús Gutiérrez Rebollo.

Washington habrá de castigar a los políticos que colaboraron con traficantes chinos y cárteles mexicanos para inundar las ciudades norteamericanas de fentanilo.

Las agencias estadounidenses no perdonan como lo vimos con el caso de Rafael Caro Quintero, verdugo de Camarena.

Ahora en 2026 buscarán que el castigo sea tan severo como ejemplar.

Un mensaje que quede tatuado en la memoria nacional.

El lector se pregunta ¿Hasta qué grado llegará Trump en México?

Vamos a dimensionar sus acciones.

El planeta está absorto esperando el siguiente manotazo del desbordado presidente que lo mismo ordena una captura quirúrgica en Venezuela, que advierte con un inminente desembarco en Groenlandia, desintegrando de un solo golpe la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) o amenazando directamente al régimen islámico de Irán.

En este contexto mundial la captura de narco políticos mexicanos representa comer cacahuates, una botana, una mesa de “snacks”.

Todos los nombres aludidos están señalados en la prensa nacional e internacional como cómplices del crimen organizado.

Su detención solo confirmaría los turbios nexos.

Y por favor no pierda de vista los semblantes.

Es evidente que la presidenta Claudia Sheinbaum ya conoce los planes de Washington y sabe quiénes son los señalados.

Su expresión y mirada reflejan una profunda preocupación.

Es inocultable que la titular del Ejecutivo federal atraviesa por difíciles momentos.

Cualquier mexicano se puede percatar que en unos días cambió el aspecto de la mandataria.

En horas recientes un hecho se añadió al escenario.

Un avión Hércules C-130, uno de los gigantes de la fuerza aérea de los Estados Unidos, aterrizó en Toluca.

El hecho es real, estamos ante una intervención militar blanda.

No habrá desembarcos en los puertos de Lázaro Cárdenas o en Manzanillo.

Simplemente desde Washington darán órdenes para que dóciles instituciones mexicanas las ejecuten.

Los oficiales del ejército de Estados Unidos ya están en suelo nacional.

El Embajador Ronald Douglas Johnson es un ex militar Boina Verde, ex miembro de la Agencia Central de Inteligencia.

Fue el asesor que condujo el modelo Bukele en la república de El Salvador.

Enviaron a la artillería pesada.

¿En este escenario qué representan Adán Augusto López o Américo Villarreal?

Nada, absolutamente nada.

La narcopolítica será llevada al banquillo de los acusados, en medio del regocijo de grandes sectores sociales.

Si los gobernantes hubieran controlado esta ola criminal Trump no tendría motivos.

La “nomenklatura” mexicana creó un estado fallido y ahí están las consecuencias.

cupula99@yahoo.com

 


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