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Cúpula / Armenta alude deslealtad en Morena

Columna publicada el martes 30 de junio de 2026.

Las declaraciones del gobernador Alejandro Armenta deben leerse en un contexto más amplio.

Hace unos días el diputado federal Ricardo Monreal Ávila señaló que la pugna por las 17 gubernaturas puede provocar fracturas dentro de Morena por la cantidad de aspirantes.

Esto solamente en la disputa por los cargos a Ejecutivos locales, aparte están las diferencias irreconciliables que surgirán por presidencias municipales y diputaciones.

El cimiento de todo partido político es la institucionalidad.

Por ese factor el PRI mantuvo el poder durante 70 años; por la misma razón el PAN pudo ocupar dos presidencias consecutivas.

Sin embargo, Morena no es un partido con una estructura sólida.

Es el aliento nacional, el furor que despertó un solo hombre que se convirtió en el líder moral de sus huestes y ahora sin su presencia en Palacio Nacional el andamiaje se resquebraja.

Los halagos que algunos gobernadores y senadores de Morena externan a la presidenta Sheinbaum son de dientes para afuera.

En privado rechazan que tenga un auténtico liderazgo.

Lo cierto es que la consideran una “encargada de despacho” y que jamás tendrá la autoridad de López Obrador.

Por esa razón Félix Salgado Macedonio se levanta de la silla, se yergue como plan A, aunque tiene como carta B a Javier Saldaña Almazán, su delfín, el ex rector de la Universidad Autónoma de Guerrero.

En el mismo sentido debe leerse la campaña que Layda Sansores realiza para colocar a Pablo Gutiérrez Lazarus, presidente municipal de Ciudad del Carmen, como su sucesor.

Tanto como Félix como Layda traen bajo el brazo estrategias para desafiar a la presidenta de la República.

En este contexto nacional vemos un partido sin estructura real que se está fracturando en diferentes puntos.

En una escala menor lo mismo sucede en Puebla y el gobernador Armenta así lo reconoce cuando señala que algunos agentes de Morena están operando en contra del Cablebús.

Señala que son los mismos que en su momento no pavimentaron las calles de Puebla.

Se desprende que puede aludir al alcalde José Chedraui, aunque las evidencias indican que tiene una especial dedicatoria el grupo de Claudia Rivera Vivanco, bloque que abiertamente se opone al proyecto emblemático del sexenio armentista.

El tono del mandatario no fue de irritación o enfado.

Fue de indignación.

No se puede ocultar que Armenta está lastimado por la deslealtad y traición de aquellos a quienes en otro momento brindó su apoyo.

Tanto en 2018 como en 2021 extendió un irrestricto respaldo a Rivera Vivanco; por eso ahora reacciona no molesto, sino agraviado.

Armenta es un protagonista que otorga un alto valor a la lealtad y que gustoso acepta el costo de reconocer públicamente aprecio por quienes se entregaron a su proyecto.

En horas recientes “resucitó” a Mario Montero Serrano y lo colocó en el atril de su conferencia.

Fue un gesto de amistad, aunque sabe del costo social que esto habrá de provocar.

El Ejecutivo poblano entiende la negativa, la oposición de algunos grupos ciudadanos al Cablebús.

Estamos en una democracia; las discrepancias y diferencias son lógicas y válidas.

Pero lo que no tolera es la deslealtad de sus correligionarios y ante todo de aquellos que fueron sus beneficiados.

Esto también se conoce como fuego amigo; la confabulación, el ardid que surgen dentro el mismo partido.

La reacción del mandatario se puede anticipar.

En política el peor error es la deslealtad.

Los grupos se construyen sobre la base de la confianza y la fidelidad.

Cuando estos factores desaparecen ya nada queda.

cupula99@yahoo.com


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