Cúpula / Agencias de EU endurecen postura

Columna publicada el martes 11 de agosto de 2026
Bastaron unos días para que Washington provocara zozobra en Michoacán cuando retiró a sus inspectores de aguacate por “amenazas contra intereses estadounidenses”.
Esto se debe a la expansión de grupos criminales en la región.
Al retirar a su personal detuvieron la recolección, empaque y exportación de toda la producción aguacatera. Solo fueron 72 horas, pero bastaron para paralizar la actividad económica.
Y lo mismo puede suceder en todo el país si cierran la llave de gas LP. México depende completamente de la importación del combustible.
El gobierno de Trump tiene en las manos decenas de cuerdas para ahorcar a México, pero decidió hacer de la guerra contra los cárteles el eje central de la relación bilateral.
En la Unión Americana republicanos y demócratas se baten con ferocidad, pero solamente se unen cuando coinciden en enfrentar al narcotráfico mexicano.
En ese terreno la postura es unánime.
En México no se ha dimensionado el anuncio que hicieron el Secretario de Estado Marco Rubio, los directores del FBI y DEA, Kash Patel y Terrance Cole respectivamente, así como el Embajador Ronald Douglas Johnson, cuando en una declaración conjunta anunciaron recompensas por más de 100 millones de dólares por los nuevos jefes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) con la pública advertencia al líder “te encontraremos y rendirás cuentas”.
La clase política mexicana y en particular la cúpula de Morena, aún no se percata que esas palabras representan una formal declaración de guerra.
Lo que sucederá en próximas fechas será una intervención militar blanda. Información de drones darán la ubicación de los nuevos líderes del cártel; también se harán acusaciones formales contra políticos coludidos con la organización criminal y sanciones a empresas e instituciones financieras que lavan millonarios recursos.
La intervención de Estados Unidos para enfrentar al narcotráfico data de décadas.
Entre los episodios críticos se puede citar la tortura y homicidio del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar o la captura del General Jesús Gutiérrez Rebollo.
Sin embargo hoy estamos ante un escenario radicalmente distinto.
Ahora no solo buscan desmantelar redes criminales, sino demoler un régimen político que abiertamente le abrió la puerta a los intereses de Rusia y China, al tiempo que se hizo aliado de Irán, Cuba y la Venezuela chavista.
Para el “stablishment” norteamericano eso representó un agravio, una grosera provocación.
Estamos ante una reconfiguración hemisférica en la que Washington relanza la Doctrina Monroe, “América para los americanos”.
De ahí parte el apoyo al argentino Javier Milei, la caída de Nicolás Maduro, el impulso a Abelardo de la Espriella en Colombia y el asfixiante amago a Cuba.
En ese contexto continental debe leerse la postura de Estados Unidos por exhibir las componendas entre personajes de Morena y el crimen organizado.
Tal como hicieron con Adán Augusto López, Rubén Rocha Moya o Marina del Pilar Ávila Olmeda.
En diferentes tonos han advertido que esto es apenas el principio.
El Departamento de Justicia trabaja a tambor batiente para señalar a agentes políticos que tienen vínculos con los cárteles.
Ante esa postura la presidenta Sheinbaum responde con movilizaciones de Morena en favor de la “soberanía nacional”, discursos de perfil castrista en concentraciones al estilo de Maduro.
Paulatinamente Washington apretará las tuercas y filtrará información de candidatos que surjan en 2027 para ir cerrando el embudo hasta incidir en la sucesión de 2030.
Al tiempo.
cupula99@yahoo.com
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