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Hace ya un par de años, mientras esperaba mi turno para hacer un trámite bancario, observaba en la sala a una madre con su hijo de unos 6 años. El niño corría por todo la sala propinando golpes a todos los que nos encontrábamos esperando nuestro turno para pasar a la caja.

La mamá solo le repetía en tono meloso que se tranquilizará porque si no la gente se iba a molestar, a lo que el niño le respondía con un jalón de cabellos que obligaba a la madre a hincarse suplicándole le dejara ir, aguantando el llanto y conservando el tono amoroso con su victimario. Contemplé la escena con profunda tristeza y con enojo.

Preguntándome hasta que punto podemos intervenir como ciudadanos dentro de una sociedad que construimos entre todos y que queremos transformar para bien. Quizá si en ese momento hubiera sabido lo que ahora se, hubiera enviado a la madre a un buen psicólogo, y quizá evitado que ese niño se hubiera convertido en un maltratador, o peor aún en un delincuente.

Y por ello les comparto una de mis lecturas en torno a este tema.

Las relaciones intrafamiliares no están exentas de conflictos. La exacerbación y un déficit en la canalización de los mismos pueden convertirse en las primeras acciones de violencia en la, casi siempre impenetrable esfera privada, como es el ámbito familiar.

No obstante, en los últimos años parece estar en auge un nuevo fenómeno de violencia intrafamiliar, la ejercida de forma ascendente: la violencia de hijos hacia sus padres.

En los últimos años, y de forma paralela a otros fenómenos de la violencia protagonizada por los jóvenes bandas, violencia en el ámbito educativo, cyberbullying – se han venido intensificando los esfuerzos por comprender las causas que generan la propia violencia filio-parental (VFP)-

Mencionando el cambio de dirección en torno a la violencia doméstica se hace referencia pues, a la violencia ejercida de hijos/as hacia progenitores, abuelos/as, tutores/as y el resto de familia extensa entre otros, o séase la Violencia Filio-Parental.

A la concreción del síndrome de los padres maltratados expuesto por Sears, Maccoby y Levin (1957), le siguieron los primeros intentos de analizar el fenómeno.

Las primeras investigaciones en torno al fenómeno se centraron cuasi en exclusividad en la descripción de las tasas de violencia ejercida por hijos hacia sus padres. Es por ello, que las primeras definiciones realizadas son excesivamente breves y genéricas, como comportamientos violentos como morder, golpear, arañar, lanzar objetos, empujar, maltrato verbal u otras amenazas (1979).

Tomaremos un autor que en lo particular me gusta citar, a Cottrell (2001). Él define VFP como cualquier acto de los hijos que provoque miedo en los padres para obtener poder y control, y que tenga como objetivo causar daño físico, psicológico o financiero a éstos.

De forma similar a las definiciones realizadas en el maltrato conyugal, Cottrell señala las siguientes dimensiones existentes dentro de la VFP:

1. Maltrato físico: pegar, dar puñetazos, empujar, romper y lanzar objetos, golpear paredes, escupir, etc.

2. Maltrato psicológico: Intimidar y atemorizar a los padres.

3. Maltrato emocional: Engañar maliciosamente a los padres, haciéndoles creer que se están volviendo locos ; realizar demandas irrealistas, mentir, fugarse de casa, chantajes emocionales amenazando con suicidarse o con marcharse de casa sin tener realmente la intención de hacerlo.

4. Maltrato financiero: robar dinero y pertenencias a los padres, venderlos, destruir la casa o los bienes de los padres; incurrir en deudas que los padres deben cubrir; comprar cosas que no se pueden permitir.

En cuanto a la posible intencionalidad de la acción violenta, algunos autores afirman que la VFP es aquella en la el hijo/a actúa intencional y conscientemente, con el deseo de causar daño, perjuicio y/o sufrimiento en sus progenitores, de forma reiterada, a lo largo del tiempo, y con el fin inmediato de obtener poder, control y dominio sobre sus víctimas para conseguir lo que desea, por medio de la violencia psicológica, económico, y/o física.

¿A qué se debe este fenómeno?

El estilo educativo es una variable común a toda la producción científica realizada sobre la VFP hasta la fecha. En este sentido, Aroca (2010) realiza un magistral recorrido a modo de revisión bibliográfica sobre la mencionada vinculación entre los estilos educativos familiares y el fenómeno de la VFP, y los clasifica de la siguiente manera:

1. Estilo permisivo liberal: sobreprotector, y sin normas consistentes.

2. Estilo autoritario con violencia intrafamiliar.

3. Estilo negligente-ausente.

4. Uso de drogas por parte de los jóvenes.

5. Trastornos psicológicos.

Cabe mencionar que hay una creciente violencia de los hijos hacia las madres. La principal ontología que responda a la prevalencia de la madre como principal víctima, reside en que ésta es la principal cuidadora e incluso a veces la única- y responsable de la educación de los hijos, lo cual comportará con mayor probabilidad la aparición de enfrentamientos con ellos especialmente en el periodo de la adolescencia.

La complejidad para abordar la emergencia de la VFP en la actualidad requiere obligatoriamente un trabajo en red para prevenir esta tipología de maltrato intrafamiliar. Y creo que a todos nos incumbe este tema.