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Nació en un pueblo insignificante en su región y hasta podemos decir casi olvidado. De madre humilde. Pasó si infancia en otro pueblo también ignorado. Trabajo hasta los treinta años con su padre en una carpintería y a partir de ahí fue un predicador itinerante por un espacio aproximado de tres años.

Nunca llego a escribir libro alguno. Tampoco desempeño algún cargo importante en la sociedad en la que se desarrollo.
No tuvo un hogar propio. No formó una familia.

No realizó estudios superiores. Jamás puso un pie en las grandes ciudades comerciales y culturales de su tiempo. Nunca fue mas allá de unos trescientos kilómetros de su pueblo natal. No llegó a desempeñar ninguno de los papeles que la sociedad contemporánea suele asociar con la fama, la grandes y el éxito.

Si hablamos de cartas de presentación no portó alguna sino la de su propia persona. Por llamarle de alguna manera estaba desnudo de los valores de este mundo. No poseía otra cosa que  (aunque parezca contrastante) el poder de su divina humanidad. Siendo joven, la corriente de opinión pública se ensañó en su contra.

Los pocos amigos que tuvo, en los momentos de crisis huyeron. Uno le negó, otro le traicionó. La gente a la que le hizo bien le dio la espalda y le desconoció. Lo entregaron en manos de sus enemigos. Pasó por un juicio montado que más bien toda una parodia.

Fue en sentenciado a morir entre dos ladrones, no sin antes haber sido azotado y humillado públicamente. Mientras agonizaba, sus verdugos se disputaron echando suertes sobre lo único que tenía en este mundo: Su manto. Cuando ya hubo muerto, lo bajaron y lo enterraron en un sepulcro ajeno gracias a la bondad de un amigo.

Veintiún siglos han transcurrido desde entonces, y hoy este hombre es la figura central de la especie human, ya sea por amor y convicción, por cuestiones filosóficas y ejemplo o por entrar solo en la controversia.

Es la mayor fuente de inspiración y guía. Ha movido mas plumas que ningún otro personaje de la historia.

Podemos atrevernos a decir que nos quedaríamos cortos si decimos que todos los ejércitos que han marchado, todas las flotas de guerra que se han construido y surcado los mares, todos los parlamentos que han sesionado y todos los reyes y gobernantes en conjunto, no han ejercido una influencia tan palpable en el devenir del hombre sobre la tierra como esa figura singular: Jesús.

Gracias por su atención y como siempre, que tenga un excelente FIN DE SEMANA.