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Alfonso Herrera Lastra

Cierta mañana soleada el rey había tomado la decisión de caminar por su pueblo, de hecho hacia ya mucho tiempo que no lo hacía.

Sorprendido su séquito le acompañó muy expectante por todos lados. En cierto momento pidió al cochero que parara el carruaje y decidió emprender una caminata por el mercado de la ciudad. La guardia real iba pendiente de cada detalle.

De pronto el rey tropezó con unas piedras que estaban a mitad del camino. El golpe le hizo expresar de manera airada insultos a quienes no habían tenido el cuidado de quitar aquellas piedras.

Después de reponerse un poco pidió que vinieran sus secretarios y les ordeno que iniciaran la fabricación de una alfombra de pieles de res desde el palacio hasta aquel lugar para que no volviera a ocurrir aquel inconveniente y bochornoso para su majestad la próxima vez que saliera a recorrer su reino.

Tomaron nota de esta orden real e inmediatamente empezaron los trabajos de planeación de aquel proyecto.

Después de unos días se presentaron ante el rey para exponer el proyecto. – “Estimado rey, después de haber realizado nuestras mediciones y cálculos para iniciar el trabajo de la fabricación de la alfombra llegamos a la conclusión que necesitaremos: 10,000 reses, obviamente en este momento no las tenemos en el reino, por lo que tendremos que ir comprando poco a poco los becerros y criarlos en nuestros corrales, eso tardaría aproximadamente unos 7 años”.

“Necesitaremos por lo menos unos 20 curtidores de pieles, después unos 20 trabajadores más que sepan el oficio y así iniciar el trabajo de la alfombra. También vamos a necesitar unos 40 carros que estén disponibles para transportar la alfombra cuando usted desee salir y por supuesto personal que extienda la alfombra…después de hacer ciertas cuentas le informamos que necesitaremos una gran cantidad de oro para pagar por las reses, su crianza en los corrales reales, pagar a los curtidores y trabajadores…en cuanto usted ponga su sello real iniciamos el trabajo”.

De pronto el bufón del rey hizo su aparición.

Después de algunas piruetas se puso frente al rey y fijamente le miro y sonriendo, aun con cierto miedo de ser sacado a palos de la presencia del rey le dijo: -“oh excelentísimo rey, gran señor de todos los pueblos vecinos…después de haber escuchado la propuesta de tus venerables consejeros, yo te propongo otra cosa”.

El rey algo incómodo por el momento de seriedad que estaba pasando solamente extendió la mano en señal de aprobación.

El bufón continuó: -“Si matamos una res y después contratamos al mejor curtidor y después al mejor zapatero, le podríamos hacer un par de excelentes zapatos a su majestad y así la próxima vez que salga no se lastime sus apreciados y valorados pies…¿cómo ve?”.

El rey comprendió la lección.

Era mucho más sensato, sabio y prudente que él cambiara a que todo el pueblo fuera “sangrado” y cambiaran los demás.

Pensemos por un momento y seamos honestos, ¿cuántas veces nos hemos comportado de manera arrogante al querer que los que nos rodean cambien.

El esposo, la esposa, los hijos, el jefe, etc.…todos deberían de cambiar, son los otros los que deben ponerse “las pilas”, porque yo…yo estoy bien.

Si ellos no fueran así conmigo yo sería diferente. La verdad no han valorado todo lo que he hecho por ellos.

Y no es que lo expresemos verbalmente pero si con nuestras actitudes y desplantes de soberbia. Nos sentimos heridos, victimas, pero nunca hemos aceptado que hemos herido y hemos sido victimarios.

Se le conoce como la regla de oro: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos…” (Mateo 7:12 RV.60).

Queremos que otros hagan con nosotros, nos respeten, nos aprecien, nos valoren, pero la verdad de las cosas no hemos sembrado respeto, valor y aprecio.

Queremos ser el centro del universo y que los planetas y satélites giren alrededor nuestro y solo así las cosas podrán funcionar bien.

Es tiempo de empezar a realizar cambios sustanciales en nuestras vidas pues de lo contrario terminaremos ahuyentando a todos los “planetas y satélites” y quedaremos solos, y un sol ¿sin tener a quien dar calor e iluminar de qué sirve? Gracias por su atención.

Que tenga un excelente FIN DE SEMANA.