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Pastor Alfonso Herrera Lastra

A mi hijo
Mis manos estaban ocupadas en el día;
No tuve bastante tiempo para jugar
Los pequeños juegos que me pediste.
No tuve bastante tiempo para ti.
Lavaba tu ropa, cosía y cocinaba;
Pero cuando me traías un libro de dibujos
Y me pedías que por favor compartiera tu disfrute,
Yo decía: Un poco más tarde, hijo.

En la noche te metía en la cama todo asegurado,
Oía tus oraciones, apagaba la luz,
Luego de puntillas caminaba con suavidad hasta la puerta.
Me hubiera gustado permanecer un minuto más.
La vida es corta, los años pasan de prisa.
Un niño pequeño crece muy rápido.
Ya no está a tu lado,
Sus preciosos secretos a confiar.
Los libros de dibujos guardados;
Ya no hay juegos que jugar.

No más besos de buenas noches, ni oraciones que escuchar
Todo eso es parte del ayer.
Mis manos, ocupadas una vez, ahora están quietas.
Los días son largos y difíciles de llenar,
Yo quisiera poder regresar y hacer,
Las pequeñas cosas que me pediste que hiciera.
Autor desconocido.

Si bien es cierto que el autor de las líneas anteriores es mujer, la realidad de la ausencia no es cuestión exclusiva de la mujer.

Los varones no la libramos tan bien y aun podría atreverme con sus excepciones por supuesto que
en la gran mayoría de los hogares el gran ausente es papá.
El tiempo sigue su marcha, no se detiene por nada. Nuestros hijos crecen día a día y sus prioridades, ocupaciones y responsabilidades van cambiando y cuando menos lo esperamos, salen de casa ya sea para estudiar, trabajar o formar su propia familia. Y es ahí donde empezarán nuestras nostalgias de haber perdido tiempos valiosos y no haber podido expresar palabras de amor y aceptación.

Estábamos tan “ocupados” que no jugamos con ellos, ni les abrazamos. Y permítame aclarar si me lo permite el por que de las comillas en “ocupados”. Por que la verdad de las cosas ellos deben ser nuestra “ocupación”.
Las Escrituras usan la figura de flechas en nuestras manos al referirse a nuestros hijos (Salmo 127:4). Se necesita tiempo, dedicación, instrucción, compañía etc. para preparar aquellas flechas y que un día tomaran su destino y ya no estarán en nuestras manos. Deberán tomar su rumbo y ya no más regresarán a nuestra aljaba.

Recién la sociedad fue conmovida con la espeluznante noticia de la muerte de un pequeño a manos de otros que “jugaban” al secuestro. La pregunta que hacia eco era: y, ¿dónde estaban los padres? No podemos sentar a aquellos padres en la silla de los acusados, pero si podemos nosotros con toda sinceridad y humildad aceptar que hemos estado ausentes no solo de casa ni de quienes trajimos un día a esta vida y les llamamos “hijos”.
Que tenga un excelente FIN DE SEMANA y muchas gracias por su atención.