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La vida pasa en un instante

Sobre mi escritorio estaba esta reflexión que mi esposa me había dejado ahí, al ir leyendo mis ojos se humedecían más y más.

Recordando pasajes con mis dos amadas hijas. Permítame compartirlo con usted este día del padre.

Me tomé el atrevimiento de contextualizarlo pues había palabras que aunque podemos entender nos son las que regularmente usamos en nuestra sociedad mexicana.

Hay un período cuando los padres quedamos huérfanos de nuestros propios hijos, los chicos crecen independientemente de nosotros y eso es bueno.

Van creciendo como árboles que hablan, como pájaros que emprenden su vuelo y no le piden permiso a la vida, crecen… crecen en algunos casos con grandes problemas o creándolos, crecen arrogantes, desafiantes y ellos lo desafían todo, pero no es que crecen cada día, parece que “nos crecen de repente”.

Cuando como padre te quisiste dar cuenta… o te quisiste acordar se sentaron al lado tuyo, con una naturalidad increíble y te dijeron algo que indica que esa “cosa” chiquita, con pañales ya no usaba pañales hace rato.

¿Cuándo creció que no nos dimos cuenta? ¿Cuándo aprendió andar en bicicleta? ¿Cuándo dejó de usar la bicicleta? ¿Y qué pasó con los cumpleaños infantiles donde los llevábamos?  ¿Y los jueguitos en el parque al que solíamos llevarles?

Y ahora estás ahí, esperando en la puerta de casa de la amiga que le ha invitado, no sólo esperando que crezca, sino que aparezca; ahí están nuestros hijos entre hamburguesas, pizzas y limonadas, con el uniforme de su generación y sus mochilas pesadas en sus hombros…

Ahí estás tú, con algunas canas en la cabeza que “mágicamente” aparecieron temprano.

Y esos son nuestros hijos que amamos sobre todas las cosas. Observando el mundo con sus buenas o malas noticias, gobiernos con dictaduras, gobiernos democráticos, inflaciones, en fin, ese amor, el amor por esos chicos o chicas no cambia nunca.

Ellos crecieron mirándote, aprendiendo de ti, con tus errores  y aciertos, casi todo aprendieron de tí mirándote a tí y aprendieron mucho de los errores y ellos van a tratar de no repetirlos.

No hay que pensarle mucho, la vida es así.

Hay un momento en que los padres nos empezamos a quedar huérfanos de nuestros hijos, así es la vida… no vamos a ir más al parque nunca más, ni a los columpios, ni a buscarle la hamburguesa doble con papas, ni a buscarlos a la puerta de la escuela o del gimnasio, ya no los  llevamos más a la clase de música o de natación, al fútbol, a las clases de ballet.

Seamos honestos ¿No te darían ganas un sábado por la mañana de llevarlos a desayunar a su lugar preferido?… pero ya están grandes, salieron del asiento de atrás del coche y ahora están al volante, de su propia vida y por la cabeza te pasan pensamientos e ideas,  que hubieras haber ido más a mirarle dormir en su camita, para oír su corazoncito respirando y contándole sus confidencias a la sábana de la infancia, esas sábanas con dibujitos, que deberías haber ido más seguido a acomodar esa colcha con los escudos de fútbol o de su caricatura favorita, o a ponerle derecho el poster de su cantante favorito en la pared de su habitación.

Crecieron a veces sin que agotaras con ellos todo el afecto que te quedó guardado en la cancha de fútbol o basquetbol, en la playa, en la Navidad, en su festival de primavera en la escuela, y ahora están solo en fotos.

Es verdad, había peleas en el auto por quien bajaba la ventanilla o quien la subía, si la música estaba fuerte.

Llega un momento que para los chicos viajar con los padres empieza ser un esfuerzo, un sufrimiento, y bueno empezaron a priorizar a sus amigos a su novia, a su novio y así fue que los padres fuimos quedando exiliados de los hijos.

Ahí tenemos la tranquilidad que tanto habíamos deseado cuando los pequeños traviesos rompían una taza, un plato.

Llega el momento en el cual sólo los miramos de lejos deseando que elijan lo mejor posible, que tomen las mejores decisiones, y conquisten el mundo de la forma más sana posible.

Hay que esperar que en cualquier momento te van a dar nietos, y hasta pareciera mentira diremos: ¡No! ¿yo abuelo? y ahí van a llegar a tu casa con el nieto.

Será la hora feliz, del cariño tranquilo.

Dicen por ahí que los abuelos son tan desmesurados y distribuyen el cariño de forma incontrolable con el nieto y los disfrutan en serio, para ellos son la última oportunidad de reeditar el afecto que a veces falta un poquito más para nuestros hijos.

Dicen que los seres humanos solo aprendemos a ser hijos, después de ser padres… solo aprendemos a ser padres después ser abuelos, en fin, pareciera que sólo aprenderemos a vivir después de que la vida tuvo que pasar.

Muchas gracias por su atención, que tenga un excelente Fin de Semana…Feliz día del padre.