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Algo más que sanar sudando.

El vocablo Temazcal proviene de la lengua Náhuatl  temaz (sudor) calli (casa) que significa “casa de vapor”, éste era utilizado diariamente, por toda la población, que gozaba por ello de una fortaleza y salud excelentes.

Es algo más que transpirar toxinas, originalmente es todo un ceremonial para la salud integral del ser, pues además de utilizar un sinfín de hierbas medicinales, dentro se escucha y hace un tiempo de meditación y conciencia personal.

Para ésta cultura, como en otras culturas ancestrales, el numero 4 era muy importante, pues es un reflejo del todo, existen 4 puntos cardinales, 4 elementos materiales, 4 edades del hombre, 4 extremidades, 4 brazos galácticos etc.

El temazcal es también llamado “el vientre de la madre tierra” pues generalmente está construido como un montículo hueco, por el que se entra a través de una pequeña puerta que se encuentra abierta hacia el oriente.

Para participar en el Temazcal ceremonial de sanación, es necesario prepararse, dejando de ingerir alimentos o bebidas que de por si son de difícil digestión, y procurando beber mucha agua, té y jugos de frutas o verduras naturales, por lo menos 4 días anteriores a la celebración, es también muy importante el atuendo; la función principal del organismo será la de hacernos sudar, por lo que se requiere ropa de algodón o fibras naturales como la manta, calzón para los hombres y vestido o blusa y falda larga para las mujeres, dichos atuendos deben permitir movimiento, pues al ingresar al temazcal estaremos sentados con las piernas recogidas, o en algunos casos en posición fetal.

Cada tradición tiene sus variantes regionales, pero el modo y la forma son muy semejantes, en mi experiencia personal, al llegar al temazcal se ofrece una plática en donde te dan instrucciones prácticas para poder estar allí dentro, te informan que el silencio y la calma son importantes, que la oscuridad es total, y que se debe respirar pausadamente y evitar moverse para no quemarse con el vapor.

Llegado el momento, nos citaron muy temprano y nos pidieron que no pensáramos en el tiempo, pues nos podría llevar todo el día, también nos indicaron que teníamos que llevar agua, flores, tabaco, fruta y alimentos para compartir, y que evitáramos el uso de envases o elementos de plástico.

Al llegar, un grupo de hombres (Macehuales) estaban partiendo leña con cuñas de metal y marros, en estos casos surge la intención de ayudar en las labores viendo que hay mucho que preparar, a lo que rápidamente me indicaron que esa es una labor de varones, invitándome a hacer trabajo (Tequio) con las mujeres (zihuas), a nosotras nos correspondía prepara las hierbas para la bebida, las hierbas para el agua de enjuague, 8 ramitos de flores  para las columnas de las puertas cardinales, y un ramo grande para la Tortuga (otro símbolo de la tierra, pues en la tradición la tortuga lleva la cuenta del tiempo, ya que tiene 13 + 20 divisiones en su caparazón y caminamos sobre ella en nuestra estancia en la tierra).

Todo se va preparando en silencio, creando una atmosfera de armonía, calma, tranquilidad y paz, las abuelas (huehues) por su experiencia, con paciencia nos van guiando, todo se hace con mucho amor, es como haber salido del mundo y estar en otra dimensión, otras huehues estaban preparando los “humerios” estos se llenan con las brasas al rojo vivo, de la leña que previamente cortaron y encendieron los abuelos (también huehues) para calentar a las piedras que se utilizarían dentro.

Mientras hacíamos el tequio, podíamos observar cómo se iba preparando todo, el temazcal tenía un diámetro de unos 7 metros,  estaba construido de barro y la parte alta se veían varas de sauce  entrecruzadas, esto posteriormente se cubriría con varias capas de costal de yute , manta y mezclilla oscura, después ya dentro podríamos apreciar cómo estaba tejida la estructura, por fuera estaba circundado por una barda de piedras volcánicas ya quemadas y muy bien acomodadas, dejando  cuatro espacios de un metro orientados hacia cada punto cardinal, franqueados por  un poste o columna  hechas con varas a modo de “puertas” y que fue allí donde colocamos los ramitos de flores, algunas personas llegaron sin flores y las huehues les permitieron cortar las silvestres que había en el camino, y nos mostraron que para tomarlas había que pedir permiso, esto consistía en vaciarles un poco de agua y ponerles un poco de tabaco a cada flor y luego cortarlas con cuidado, con un vidrio de obsidiana, todo bajo el agradecimiento, silencio y el respeto, cada  actividad acompañadas de las huehues con sus humerios en las manos, a las que les agregaban de cuando en cuando mezclas de hierbas y copali que portaban en unos bolsitos de tela.

La fruta fue pelada, picada y acomodada en charolas, se preparó un té de Jamaica sin endulzar, y fue llevado hasta la puerta oriente en una olla de barro todavía caliente, junto con muchos jarritos que utilizaríamos posteriormente, para el agua de enjuague se picaron y machacaron hierbas de olor, como romero ruda y albahaca y fueron puestos a macerar en grandes contenedores de agua.

Dentro del circulo de piedras todo el tiempo se encontraban un hombre y una mujer, y eran únicamente ellos los que hacían las labores, el únicamente dedicado al fuego, la leña y las piedras, todo movido con trinches y pala de metal, ella limpiando la tortuga (que estaba formada por 13 + 20 piedras, más otras seis que formaban su cabeza, cola y extremidades), colocando florecitas a su derredor y el ramo más grande junto a la tortuga al pie de un báculo o bastón del que colgaban muchos listones de colores que después nos dirían era para llamar al viento y es cuchar los mensajes que venían desde el sur, después ambos colocaron las capas de tela sobre el temazcal deteniendo los faldones con las mismas piedras quemadas.

De pronto sonó fuertemente el caracol, con una intensidad que hacia vibrar todo el cuerpo, más que solo escucharlo fue sentirlo con la piel y como traspasaba por todo el cuerpo, especialmente los pulmones y la boca del estómago vibrando, y casi a un tiempo comenzaron a sonar tambores (al más grande tallado a mano, ahuecado con fuego y decorado con imágenes  que aluden a los calendarios y los tiempos, en un tronco, con una piel blanca decorada con una imagen de muchos colores, al que también se referían como huehue, después aprendí que huehue le dicen a lo que es viejo, sabio y con experiencia) y teponachtlis o pequeños tambores hechos únicamente de madera.

Ese sonido era la señal, todo de pronto cambio de ritmo, todos dejaron lo que tenían en sus manos y se apresuraron a formarse en la puerta para entrar.

Continuará…