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Una de las cuatro medicinas sagradas de la tradición Anahuaca.
En la narración anterior nos enfocamos en la forma y preparación de la ceremonia de los cuatro elementos (seguiremos viendo el número cuatro como se repite constantemente).
Al llamado del caracol, huehues, teponachtlis y ocarinas todos nos formamos en la puerta del oriente que era donde nos esperaban los encargados del fuego para recibirnos con su humerio encendido lleno de aromas (cada sanador tiene su mezcla personal de hierbas, eso genera diversos aromas, a veces dulces, otras veces fuertes y picantes, o también con una esencia mística), al acercarnos nos pedían pararnos con las piernas abiertas a la altura de los hombros y los brazos extendidos y comenzaban a pasar el humo formando cruces y círculos que nos iban rodeando de esa esencia,) la emoción y el latido loco del corazón ante tantas experiencias y aprendizajes se tornaron ahora en una calmada y relajada espera, después de “limpiar el aura” pasamos al círculo interior, y nos fuimos colocando alrededor del fuego donde se habían estado calentando las piedras volcánicas.

El hombre y la mujer de “Fuego” fueron los encargados de llegar unas 5 horas antes a la cita, ellos limpiaron y prepararon todo el terreno para recibirnos dentro del círculo, pusieron cuatro troncos de oriente a poniente y cuatro de norte a sur encima y en forma de espiral colocaron las piedras, (52 para una ceremonia de fuego nuevo o guerrera y 28 para las celebraciones lunares) rodeándolas de madera virgen a la que encendieron con cerillo de madera (en algunos lugares aun usan el pedernal) al hacerlo piden al “TODO” TLOQUENAHUAQUE (Señor del cerca y del junto, el de los mil nombres) por la armonía y perfecta celebración, y se disculpan humildemente por si por error u omisión cometen alguna falta en la misma.

Después una de las huehues paso con un canastito lleno de tabaco mezclado con otras hierbas finamente molidos y nos pidió tomáramos un puño y lo colocáramos en el corazón, nos informó que era momento de dejar el mundo y sus prisas, dejar fuera toda la carga y comenzar a vivir la experiencia.
Nos colocamos todos mirando hacia el oriente y se dijeron palabras de saludo que son tantas que dan para tema aparte, después al sur, luego al poniente y al norte, se saludó a la tierra postrándose hasta tocar con la frente y después levantados y extendiendo los brazos hacia arriba como queriendo abrazar al universo, después un abrazo a uno mismo, el saludo a los 7 rumbos o vientos y después arrojamos la mezcla de hierbas al fuego.

Mentalmente pedí que se me permitiera sanar mi espíritu y disfrutar la enigmática experiencia, a los principiantes nos formaron al final y pidieron que observáramos e imitáramos a los de mayor experiencia, y advirtieron que adentro se guarda silencio y se pide permiso o turno para hablar.
Entonces cada persona se fue hincando frente a la puerta y tocando el suelo con la frente decían en un grito guerrero “POR TODAS MIS RELACIONES Y MI FAMILIA” y desde dentro le respondían “OMETEOTL” (Dualidad, Él es Dios, Ella es Diosa”) “AHOMETAKUYASE” (hoy es un buen día para morir) se abre la cortina que separa el mundo del INFRAMUNDO.
Al temazcal también se le dice “madre” o vientre sagrado, por su forma de media esfera y porque dentro de él se lleva a cabo un ceremonial de “NO VIDA” semejantes al momento previo antes de llegar a este mundo y nacer.
Dentro en la oscuridad y de rodillas fuimos tomando el sitio que se nos indicaba, prácticamente hechos nudo, con las rodillas abrazadas y casi tocando el pecho, semejante a la posición fetal que tenemos dentro del vientre materno, allí dentro aun sin nacer, oscuro, con calor.

Cuando ya estábamos todos dentro, se escuchó una voz moderada pero sonora diciendo “PUERTA” y se levantó la cortina, y se escuchó también decir “BIENVENIDAS ABUELITAS” entonces fueron introducidas 7 piedras al rojo vivo, del tamaño de una cabeza humana y fueron depositadas dentro del OMBLIGO un hoyo de aproximadamente 50 cm de fondo y 80 cm de diámetro, y a una voz comenzaron a cantar: “abuelita de fuego entra a este temazcal y otras voces decían bienvenidas” y todos hacían gran fiesta mientras las abuelitas introducidas con un bieldo, eran recibidas con un par de cuernos de venado y cuidadosamente depositadas al centro, al recibir a cada Abuela piedra se le colocaba un poco de resina de copal, llenando de humo perfumado y medicinal el ambiente ya cargado de vapor, el suelo estaba cubierto por una alfombra verde de pirul y pequeños ramos de pirul y otras yerbas también colgaban del techo todo estaba muy saturado, sonidos aromas, calor, y cómo es difícil para un alma libre estar encerrado en esa oscuridad.

Entonces el misma voz dijo “AGUA SAGRADA” y entraron una cubeta de agua aromatizada por hierbas, luego entraron las personas que quedaban fuera y a la voz de PUERTA, se cerró la cortina, otra vez oscuridad y silencio, el corazón al mil, un temor lleno de incomodidad me hacía sentir claustrofobia y ganas de salir corriendo, pero estaba atrapada en medio de brazos y piernas, lo último que quería era tocar a todas esas personas y pasar por sobre de ellas, así que respire recordé las indicaciones y trate de guardar calma.
Continuará…