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Mi humanidad está atada a la tuya.

porque solo podemos ser humanos juntos.

Desmond Tutu

Nos les llama la atención que cada día más y más personas viven bajo las palabras de “sálvese quien pueda”?. Desde antes que el sol salga, en las carreras por cumplir con horarios y compromisos, me doy cuenta que en la calle todas las personas abordan el mismo objetivo, movilizarse para cumplir sus compromisos personales.

Unos corren buscando un microbús colectivo, otras caminan a paso redoblado hacia sus trabajos o centros de estudio, alguien más suena la bocina de su vehículo desesperadamente, y todavía hay quienes discuten buscando avanzar desde sus motocicletas, en fin, lo que aparenta ser un multitudinario y multidireccional caos, en realidad desemboca en un mismo fin: “el propósito personal”.

Nada novedoso en esa dinámica de cumplir los compromisos diarios y la subyacente necesidad de satisfacer las necesidades básicas de cada núcleo familiar.

Pero deseo enfatizar ese “sálvese quien pueda” que no es otra cosa que avanzar individualmente hacia el objetivo individual por medio del esfuerzo propio para alcanzar la autorrealización personal.

Cada uno cada una abraza la consigna de avanzar y avanzar, sin permitir que nada ni nadie estorbe o distraiga. Ese propósito personal se posiciona como la meta de todo esfuerzo porque es el más importante de todos y está por encima

de los propósitos de otros y otras. De tal manera que, si es necesario dejar a alguien en el camino, habrá que hacerlo porque el propósito personal lo demanda; si alguien necesitara algo no podría permitir que interrumpa la trayectoria hacia el fin personal.

Y es aquí donde entra Ubuntu.

Ubuntu es una Antigua forma de vida que personifica la generosidad, calidez, inclusión y solidaridad que aún son típicas en muchas comunidades africanas.

Aunque la palabra Ubuntu tiene sus orígenes en los dialectos locales del sur de África, los valores que abarca se encuentran por todo el continente y en el origen de cada cultura y tradición religiosa y espiritual en el mundo.

Palabras en idiomas diferentes que expresan uno u otro aspecto de Ubuntu incluyen ‘Harambee’ (Swahili, África Oriental – ¡Halemos juntos!), ‘Terranga’ (Wolof, África Occidental – Hospitalidad), ‘Insanya’ (Árabe – Humanidad), ’Aloha’ (Hawái- Compasión y misericordia), ‘Vasudhaiva Kutumbakam’ (Sánscrito – Perteneciente a la familia humana), y quizás un equivalente europeo pueda ser ‘Uno para todos y todos para uno’.

La teología Ubuntu orientó al Arzobispo Desmond Tutu cuando presidio la Comisión para la Verdad y la Reconciliación — establecida en Sur África después de la abolición del apartheid — ayudando a sanar las heridas infligidas por este régimen, implementando los valores de la compasión, perdón, asumir responsabilidad personal y dignidad.

Un concepto clave de Ubuntu deriva del Zulú (Xhosa (Sur africano): ‘umuntu, ngumuntu, ngabantu’ que significa una persona es una persona a través de otras personas’ – que se expresa también como: ‘Soy porque somos’ o ‘existo porque existes.’

Esto reconoce el valor de cada individuo o grupo, la aceptación y aprecio de nuestras diferencias, a la vez que reconocemos nuestra espiritualidad común, nuestra responsabilidad por el bienestar de otros y un sentido de pertenencia a una familia humana y a estar profundamente conectados con la naturaleza y el universo. Promueve respeto para todos, especialmente por los mayores, jóvenes y mujeres y cooperación y confianza entre los individuos y entre comunidades y naciones. Por encima de todo, Ubuntu personifica el poder de reconciliación, el potencial para construir puentes y crear unidad entre las personas y entre culturas.

¿Te gustaría practicar el primer paso de Ubuntu?

Mokgorong ‘En Ubuntu la forma de auto empoderamiento es a través del silencio.

El silencio fue parte importante de las comunidades africanas en el pasado. Había lugares en donde las personas podían ir y estar solas — consigo mismos.

El espacio era muy respetado y se creía que era profundamente transformador, de ahí que los que estaban en ‘Mokgorong’ no eran perturbados en ninguna circunstancia. Hoy en día tales lugares son reservados para jefes y reyes.

Cuando un rey estaba molesto iba y pasaba un tiempo allá y cuando salía se esperaba que estuviese calmado — lo que con frecuencia era así. Aunque no había iglesias, mezquitas o templos, había — y aún lo hay — un entendimiento de que hay algo sagrado en el estar solos y consigo mismo.

En algunos momentos podían estar todos juntos, pero aun así estar solos — en Mokgorong. Es así que Mokgorong no es solo un lugar físico, es también un lugar interno en el cual verse a sí mismo y transformarse.

Este es el espacio en donde creo que surgió la transformación de Mandela. Fue el resultado de cómo el usó la soledad impuesta (aislamiento en la cárcel) y así, de entre muchos otros, se convirtió en la personificación del perdón.

Él entró en Mokgorong y salió limpio/purificado. Cuando se va a Mokgorong, con frecuencia uno tiene que doblarse y amoldarse a un espacio pequeño, simbólico de la humildad requerida para que ocurra la transformación y para recibir la orientación necesaria.

Eso implica que en ese espacio no se busca, sino que se recibe y por lo tanto somos capaces de dar cuando se sale de él.’ Sra. Lefuma Mokheti, Sur África.