Select Page

Hace unos días recordaba con un amigo lo bonito, maravilloso y altamente hermoso que es leer.
Aunque en nuestros días, gracias a la piratería tenemos un muy fácil acceso a literatura en PDF, él, que prefiere hacer las cosas bien COMPRA en sitios donde no se daña al autor, aun así es una realidad que no hay nada que supla el placer de andar por los pasillos y enamorarte del embriagante perfume de un libro nuevo.

Dicho esto, me remonte a una frase que habla de que “el dinero no es la felicidad pero compra _______________” (rellene el espacio con el fetiche de su preferencia) y es así como justifico el uso de las letras mayúsculas en la palabra de la anterior oración.

¿Será que el dinero esté relacionado con nuestra personalidad? Pues… ¡Si!
El psicólogo alemán Erich Fromm realizó un enorme trabajo de investigación sobre las relaciones entre la clase económica y los tipos de personalidad.
La teoría de Fromm es una combinación de Freud – quien decía que el carácter estaba determinado por el inconsciente, los impulsos biológicos, la represión y demás – y por Marx – que consideraba a las personas como determinados por su sociedad y más especialmente por sus sistemas económicos.

Fromm también hablaba del inconsciente social que nace a partir de la creencia que tenemos de que la manera en que hacemos las cosas es la única que existe, cosa que hemos asumido tan bien porque se ha vuelto ya un acto inconsciente, es por ello que en muchas ocasiones creemos que estamos actuando conforme a nuestro propio juicio, pero sencillamente estamos siguiendo órdenes a las que estamos tan acostumbrados que pasan desapercibidas.

Esta idea se entiende mejor al hablar de los sistemas económicos de los cuales deriva cinco tipos de personalidad.

Lo receptivos son personas pasivas y conformistas que en ocasiones incluso dejan que los demás tomen las decisiones sobre su vida.
Estas son personas esperan conseguir lo que necesitan; si no lo consiguen de forma inmediata, esperan. Creen que todas las cosas buenas y provisiones provienen del exterior de sí mismos.

¿Ahora entienden porque funcionan tan bien los programas sociales como Prospera? En cuestión de amores desean ser amadas pero no amar.

Aquellos que manipulan a otros para sacar de ellos lo que necesitan en lugar de conseguirlo por ellos mismas se sitúan en el tipo explotador. Utilizan la violencia o la astucia para obtener lo que buscan. Tiende a “robar o plagiar” las cosas y revenderlas. Alguna de sus características más notables es la habilidad de mantenerse muy cómodos solo dando órdenes. Ladrones, piratas y hasta algunos políticos tendrían cabida en este tipo.

Los acaparadores o Acumuladores son aquellos que atesoran. Luchan y luchan por conseguir más posesiones, pues creen que entre más cosas tengan mayor valor tendrán como personas. Son muy ahorrativos y cualquier gasto representa una verdadera amenaza.
Parece que les preocupa más sus posesiones materiales que la persona.
Incluso sus parejas son personas para poseer. Por otro laso las personas obsesionadas con su propia imagen, que terminan por obsesionarse con la ropa de marca, coches y viajes a lugares muy exclusivos suelen situarse en el tipo de venta o mercantil.
El éxito es una cuestión de cuán bien puedo venderme; de darme a conocer.

El amor es pensado como una transacción. Solo en esta orientación se piensa en el contrato matrimonial (te doy, me das).
Si uno de nosotros falla en su acuerdo, el matrimonio se anulará. ¡Muchos artistas se sitúan en este cuadrante!

Fromm dice estas primeras cuatro orientaciones se centran en el consumo, en obtener, en poseer.

La mayoría de las personas, ya acostumbradas al modo de tenencia, usan el verbo tener para describir sus problemas: imagina saliendo al café con tu mejor amiga y empieza a platicarte algo así “fíjate Susy que no he podido dormir, tengo insomnio. Tengo muchas cosas en que pensar y me siento intranquila, aunque mis hijos y mi marido son maravillosos, tengo muchas preocupaciones.”

¿Pueden percibir el repetitivo uso del “tengo”? Un dialogo sano sería: “Me siento intranquila. Aunque todo está bien, no logro dormir bien…”. De esta manera estás haciendo consciente que tú eres el “problema”; tomando así la responsabilidad de tu vida.

No obstante no todo está perdido, pues existe una personalidad más sana, a la que Fromm llamó productiva. En ella se encuentran las personas independientes que no buscan la aprobación de los demás y dan amor a aquellos que los rodean.

Son capaces de amar y respetar a los demás porque se aman y respetan a ellas mismas. Implica tener un conocimiento de uno mismo, amarse a uno mismo y amar a los demás.

Aunque parezcan las primeras cuatro con esta última que están de extremo a extremo, hay algo que une a todas estas orientaciones: hacen un esfuerzo para vivir, es decir son amantes de la vida.

Pero existe otro tipo de personas que Fromm llama necrófilos que son personas que solo buscan destruir, aquellos que tienen ideas pesimistas relacionadas con la enfermedad y muerte.
No buscan el amor ni la aceptación de los demás porque no se creen merecedores de ello y en represalia buscan destruir todo aquello que este a su paso, como Sid en Toy Story.

De alguna forma, aunque esto no es determinante, es impresionante saber como una beta de ello se asoma por nuestra vida o de personas que nosotros conocemos.

Las ideas de Erich Fromm nos ofrece una opción distinta a buscar el amor y aceptación de quienes nos rodean, pues nos deja muy claro que amarnos y respetarnos contribuye verdaderamente a nuestra felicidad.


TAGS