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Isaac Asimov decía que el aspecto más triste de la vida en este momento es que la ciencia recoge el conocimiento más rápido de lo que la sociedad reúne sabiduría.

Ayer en la tarde, en un curso en línea, discutíamos un tema sobre educación. Una de las participantes, Directora de X Institución en algún punto del país, subía su tema al foro comentando lo siguiente: “habeces es necesario estar mas presentes en el proceso de…”, nadie comento algo al respecto, desconozco si alguien más notó el error.

n ese instante mi memoria se fue 10 años atrás, cuando ayudando a mi hermana en su cyber a transcribir un ensayo de una persona que estaba haciendo su Maestría en español, nos deteníamos cada tres palabras a corregir faltas de ortografía que iban más allá de una dislexia. No solo corregimos su ortografía, sino incluso el orden que le daba a sus oraciones, era como leer a Tarzán en su tercer encuentro con el Hombre blanco… si se preguntan si esta persona terminó su Maestría, si, la terminó.
Existe esta teoría popular de que el lenguaje que hablamos moldea nuestros pensamientos y la forma en que interactuamos con el mundo; no podría estar más de acuerdo con esta teoría. Después de todo, el lenguaje es una parte integral del ser humano y el conducto más claro (si no único) para nuestros pensamientos.

No sé si han tenido la oportunidad de leer al Dr. Andrew Newberg, Él dice que las palabras pueden cambiar tu cerebro “El lenguaje moldea nuestro comportamiento y cada palabra que usamos está impregnada de multitud de significados personales. Las palabras correctas pronunciadas de la manera correcta pueden brindarnos amor, dinero y respeto, mientras que las palabras equivocadas, o incluso las palabras correctas pronunciadas de manera incorrecta (o escrita de manera incorrecta), pueden llevar a un país a la guerra. Debemos orquestar cuidadosamente nuestro discurso si queremos lograr nuestros objetivos y llevar a buen término nuestros sueños. –

A lo largo de la historia de la humanidad, los grandes líderes han usado el poder de las palabras para transformar nuestras emociones, alistarnos en sus causas y para moldear el curso del destino. Desde el enfoque de Winston Churchill en la “mejor hora” hasta la representación de Martin Luther King, Jr. de un “sueño”, somos muy conscientes de que las creencias están formadas por palabras, y pueden cambiarse con palabras.

Pero, ¿qué pasa con la capacidad que cada uno tenemos dentro de nosotros para usar las palabras para encender el cambio, pasar a la acción y mejorar la calidad de nuestras vidas?

Todos sabemos que las palabras nos proporcionan un vehículo para expresar y compartir nuestra experiencia con los demás. Pero ¿te das cuenta de que las palabras que eliges habitualmente también afectan la forma en que te comunicas contigo mismo y, por lo tanto, lo que experimentas?

Les pondré un ejemplo con la materia que imparto, solo para que se den una idea de cómo funciona nuestro cerebro, nuestra realidad, y el lenguaje que conocemos. Según la Enciclopedia de Compton, el idioma inglés contiene unas 500,000 palabras.

Sin embargo, el vocabulario laboral de la persona promedio consiste en 2,000 – 0,5% de todo el idioma. ¿Y el número de palabras que utilizamos con más frecuencia, las palabras que componen nuestro vocabulario habitual? Para la mayoría de las personas, tiene un promedio de 200-300 palabras. ¿No es eso increíble? (En contraste, los escritos de John Milton usaron alrededor de 17,000 palabras y William Shakespeare usó 24,000 palabras, 5,000 de las cuales solo usó una vez). De esas 500,000 palabras en total, se usan hasta 3,000 para describir emociones, dos tercios de las cuales son palabras que usamos para describir emociones negativas.

Y podríamos preguntarnos, qué de malo tiene conocer pocas palabras, no saber cómo se escriben, o pronunciarlas más. Bueno, pues resulta que el pensamiento crítico, la capacidad de hacer preguntas efectivas y formular soluciones originales, no es una habilidad que se desarrolle solo con ver telenovelas o futball.

La innovación es necesaria para resolver los graves problemas del calentamiento global, las crisis económicas y la escasez de alimentos y agua. Además, los avances rápidos en la tecnología hacen que sea crucial que no solo aprendamos nuevos conjuntos de habilidades, sino que también evaluemos continuamente los resultados y los impactos de nuestros nuevos hábitos. Esta capacidad de aprender, practicar y analizar está en el corazón del pensamiento crítico, que muchos consideran la clave para cerrar la brecha de la sabiduría en nuestro país. Y que solo se puede lograr entre más palabras conozcas, que sepas cómo escribirlas, y cómo pronunciarlas.