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Psicoterapeuta

¿Les ha pasado que en algún momento han llegado a desconocerse? Podemos estar muy atentos a cómo comportarnos en distintas situaciones de nuestra vida pero de repente, ¡pum! Nos llega una emoción y terminamos por dejarnos llevar por ella y ¡crash! El Apocalipsis. Una vez pasado todo, cuando reflexionamos sobre lo sucedido, nos damos cuenta que realmente lo acontecido no ameritaba mandar a incendiar Roma, pero muchas veces ya es demasiado tarde.

Nos sentamos a lamentarnos por nuestro comportamiento: “no debí hacer esto” “pude haber dicho aquello” “ ¿cómo es posible que le haya actuado de tal manera?” Vaya, deseamos que nos trague la tierra y nos regrese al momento en que todo sucedió para poder hacer  así las cosas  de un modo distinto pues reprobamos con todo lo que podemos lo que ha pasado porque “¡no somos así”  y muchas veces como si  esto no fuera ya suficiente, sale una voz familiar diciéndonos que “¡Eso no fue lo que nos enseñaron!” Pero lo único que en realidad no entendemos es porque hemos actuado de determinada manera.

Si en algún momento te ha sucedido algo similar y no has encontrado una respuesta que consuele tu herido corazón, recoge tu dignidad y déjame explicarte.

El tema que aquí nos ocupa es el de la conducta, para ello hay que dejar claro que hay una conducta instintiva y una conducta aprendida. Los animales, tienen conducta instintiva, que tal como lo dice su nombre, se deja llevar por sus instintos para comportarse y donde hay presente dos elementos: estímulo y respuesta, por eso cada que, por ejemplo se escucha que la puerta se va a abrir (estimulo) tu perrito comienza a ladrar (respuesta).

Los humanos, por nuestra parte, tenemos también una conducta instintiva sin embargo poseemos la capacidad de librarnos de actuar de esta gracias a lo que hemos aprendido, es decir que tenemos la capacidad de crear una respuesta diferente a lo que seria una respuesta instintiva. Por ejemplo: Si con alguna de nuestras parejas experimentábamos unos celos dignos de una escena de telenovela y nos dimos cuenta que esto nos llevo casi a ganar un Oscar por tan dramática actuación por reclamar antes de aclarar, seguramente – y si en realidad hemos tomado consciencia de nuestro actuar – en una próxima situación similar, preguntaremos antes de incendiarlo todo, pues nuestra experiencia previa de una vivencia similar nos hizo aprender cual no era la forma de actuar correcta.

A pesar de esto, no hay que olvidar que, como se dijo antes, tenemos instintos y que muchas veces son estos los que se encargan de dictar sin freno alguno cual será nuestro comportamiento. El hecho de llorar como magdalena ante la muerte de la mamá de Bambi , de gritar por miedo o cuando nos sentimos en peligro o de golpear a alguien cuando nos sentimos amenazados son claro ejemplo de esto.

Sin embargo hay que tomar en cuenta un elemento más: La Cultura. Esta es otra gran directriz de nuestro comportamiento, pues por ejemplo culturalmente a los hombres no se les permite llorar abiertamente – a menos que haya una razón de mucho peso -, por lo cual su conducta se ve condicionada no tanto por lo aprendido si no por lo aceptado, por aquello que esta bien visto.

Finalmente es importante rescatar la importancia de sentarnos a observar nuestro comportamiento pues es básico para conocernos y entender desde donde estamos actuando, que es lo que nos mueve, si nuestros instintos, el aprendizaje o lo socialmente aceptado. Y sobre esto, notar que tan honestos y fieles estamos siendo con nosotros mismos pues la fidelidad y la coherencia con la que nos dirijamos es básica para poder ser feliz.