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Ing. Cándido Fco. Xúchitl Pérez

No hace muchos años que los acontecimientos políticos, económicos y sociales que marcaban nuestra vida como nación, eran comentados, analizados y criticados por los distintos entes sociales llámese estudiantes universitarios, maestros, escritores de libre pensamiento, líderes de opinión, dirigentes sindicales y todo aquel que vivía con cierta conciencia social y humana.

Para quienes nacimos en la década de los cincuenta del pasado siglo, sobre todo aquellos que tuvimos la gran fortuna de estudiar una carrera universitaria; nos tocó ser testigos de transformaciones sociales trascendentales tanto en lo político como en lo social.

Presenciamos la debacle de un régimen autoritario y rígido que había sido rebasado por las nuevas corrientes ideológicas.

Los que asistimos a universidades que aun no eran controladas por el estado como la UNAM. EL IPN y en nuestra, Puebla la UAP. Empezábamos a percibir que el sistema de poder político-económico había provocado, por sus excesos, serias manifestaciones de inconformidad social.

Algunos protagonizamos movimientos de concientización ciudadana. Dando a conocer al pueblo con datos fidedignos la malversación y el dispendio de los recursos públicos.

Fuimos objeto de persecución y hostigamiento por parte de quienes se sintieron descubiertos. Arriesgando en ocasiones la vida al ser encañonados por esbirros de aquel sistema o estar presentes entre las balas de un fuego cruzado.

Con el paso de los años, debo decir que no dejo de hacer comparaciones entre la juventud de esos tiempos y la de ahora. Recordar como pensábamos en esa época y como piensan los jóvenes de hoy.

Salvo sus honrosas excepciones, el panorama es triste, tal parece que las nuevas generaciones “no sienten” ; “no piensan” ; “no oyen” ; “no ven” y “no huelen”.

Quizás, los jóvenes estudiantes y pensantes de aquellos años pecamos de soñadores, ilusos, quiméricos. Pero nadie nos puede acusar de insensibles o inconcientes. De no haber intentado un método diferente que produjera un cambio justo y equitativo.

Que la gente despertara, fue nuestro mayor delito, pues las consecuencias no se hicieron esperar. La persecución fue implacable.

Hoy por hoy. El movimiento que marcó un parte aguas en la vida política de MEXICO y que por cierto fue el último en la historia contemporánea, ocurrió en 1968 y fue terriblemente reprimido con la MATANZA ESTUDIANTIL DE LA PLAZA TLATELOLCO EN  LA CIUDAD DE MEXICO a unos días de iniciarse las olimpiadas que tenían como lema el “desear “LA PAZ ENTRE TODOS LOS PUEBLOS DE LA TIERRA.

QUIEN NO CONOCE SU HISTORIA, ESTÁ CONDENADO A REPETIRLA. Repiten los ideólogos del constructivismo modernizador.

Ha más de medio siglo de esta vergüenza histórica, la importancia de revisarnos como mexicanos de todas las actividades y de todas las edades, es de vital importancia.

La sangre de muchos hermanos, jóvenes estudiantes, amas de casa y trabajadores que fueron masacrados impunemente; no debe ser inútil.

Invito respetuosamente a las nuevas generaciones, sobre todo de estudiantes en toda la extensión de la palabra, a sumarse al momento histórico de nuestra PATRIA.

A no darle la espalda a su futura descendencia. A SALIR DE LA POBREZA DE CONCIENCIA QUE LOS PODEROSOS Y LOS AMBICIOSOS através de las televisoras pretenden perpetuar.

Está de por medio nuestra subsistencia nacional como nación libre y democrática que aun seguimos soñando.

Que el conocimiento de la historia nos lleve a la investigación de la ciencia y la tecnología al servicio de la humanidad en un marco de justicia y libertad.

Nuestra familia, nuestra sociedad y la grandeza de nuestra patria deben ser nuestra principal motivación.

Con acciones reales de beneficio colectivo podemos decir y recordar que para los mexicanos con memoria EL 2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA.