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Pastor Alfonso Herrera Lastra

Un hombre caminaba por el campo cuando a lo lejos observó a un hombre ya de edad avanzada plantar un roble en su parcela.

A medida que se acercaba observaba el cuidado y entusiasmo con el que lo hacia.

Algo intrigado  le preguntó – “¿Por qué usted está plantando este árbol con tanta  dedicación?

No creo que usted  espere vivir lo suficiente para ver crecer este roble?”.

El hombre de edad contestó con cortesía sin sentirse humillado por las palabras: -“Mis antepasados plantaron árboles no para ellos mismos, sino para que nosotros pudiésemos apreciar y disfrutar sus sombras y frutos y yo estoy haciendo lo mismo para aquéllos que vendrán después mí.”

¿Qué estamos plantando para la generación que viene tras nosotros?

¿Realmente estamos preocupados por el mundo que les vamos a heredar a nuestros hijos?

¿Qué clase de “semillas” estamos plantando en nuestra parcela?

Es triste y deprimente observar a nuestro alrededor como actuamos y vivimos tan mezquinamente aprovechando las oportunidades de servir a nuestra sociedad y “llevando agua para nuestro molino” en ocasiones hasta de manera cínica encubrimos nuestros verdaderos propósitos. Buscando el poder por el poder.

Cuando plantamos amor y respeto, nuestra casa crece produciendo flores y frutos de amor y respeto.

Cuando plantamos sonrisa y amistad, nuestro entorno se transforma en ambiente de alegría y compañerismo.

Cuando plantamos dedicación y fidelidad, nuestro hogar y sociedad recibe el beneficio de esta semilla.

Cuando sembramos integridad, trasparencia y sencillez, no tendremos necesidad de ir pregonando a voz en cuello lo que decimos ser…

Nuestras acciones gritarán más fuerte que nuestras palabras.

Un valor que se ha perdido es lo que tan vagamente se recuerda haber escuchado alguna vez: La honorabilidad Conforme nuestra sociedad evoluciona a lo que llamamos primer mundo, se han ido deteriorando costumbres y tristemente observamos cómo están siendo socavados los principios y valores.

La Biblia dice: “Vale más la buena fama que el buen perfume”

(Eclesiastés 7:1. Versión Popular.)

Que el roble que pretendamos sembrar este abonado con la honorabilidad y tal honorabilidad comienza con el cumplimiento de aquello que prometemos.

Cuando realmente nos ponemos al servicio de Dios y la sociedad no pensemos en la belleza y perfume que nuestras vidas disfrutarán de aquél jardín, sino en los millares que pasarán por el mismo jardín y en el encanto que producirá en sus vidas y familias.

Alegrémonos por ser los jardineros de este tiempo y con honor y visión plantemos la semilla que Dios ha depositado en nuestras manos.

Que tenga un excelente FIN DE SEMANA.