Select Page

Ing. Cándido Fco. Xúchitl Pérez

Más allá de los partidos políticos y toda la cultura distorsionada que han inoculado a la sociedad. Con una mentalidad meramente humanística contemporánea. Sin cortapisas y con la mirada puesta en el futuro.

Puebla respira vientos de cambio, vislumbra un rayo de luz al final del túnel, por momentos no lo cree, quiere que alguien se lo diga, se lo grite.

La gente no desea hablar de política, está harta. Tiene heridas históricas.

No puede aún tener conciencia de lo que pasó. Solo sabe que algo va a cambiar o ya cambió. Aunque aun no sabe qué, quién, cuándo.

Conforme va asimilando el fenómeno de lo ocurrido el 4 de julio pasado, empieza a sonreír a sentir. Sobre todo en la capital, entre la gente citadina. Algunos manifiestan su alegría y su esperanza de manera mesurada, medio callada, miedosa o temerosa por tantos años de dictadura.

Algunos estallan con un júbilo esperado a punto de perder la fé.

Gritándolo en la privacidad de quienes lo imaginaron e incluso lo soñaron. Sin embargo lo dicen bajito como si las paredes oyeran.

Conocen y han vivido la venganza política, saben del ostracismo, de lo implacable de una generación fascista.

Aunque es cosa de meses, es peligroso, imprudente, arriesgado manifestar los verdaderos sentimientos.

Por qué tuvimos que llegar a eso. Por que las cosas cambiaron tan radicalmente. Quienes envilecieron lo que debía ser un privilegio de realización humana.

Nadie desea saber las razones. Lo importante es que por fin se acabó la maldición.

Ya no hay por que temer a las amenazas. Vivir sin temores y con la frente en alto.

Me pregunto si los “jefes “ sabían lo que estaba pasando o preferían vivir ciegos y sordos. Cuanta iniquidad, cuanta maldad, todo se valía en aras de la ambición.

Múltiples enfoques nos presenta el hecho. Cosa de encontrarlos. Con ánimo de aprender, para quienes no desean repetir la historia.

No es posible vivir dentro de una sociedad y burlarse de ella, engañándola, humillándola, pervirtiéndola.

Quienes creyeron en la impunidad y la inmunidad, se olvidaron del juicio de la historia pasada, presente y futura.

Puebla no podía dejar atrás su pasado revolucionario, su vocación de ente pensante.

Ya se estaba tardando.

Hoy no ganó la política, pues ésta ya estaba en estado de putrefacción. Se manifestó la sociedad irguiéndose digna, levantándose impetuosa con toda su fuerza. Harta de tantas vejaciones.

Esta es una lección local que lleva todos los ingredientes para convertirse en nacional.

Todo tiene un límite, aún para un pueblo que aparentemente lo tolera todo, aguanta todo.

Aquellos que viviendo en la complacencia y el hedonismo contrario al legado Juarista de vivir en la medianía, abuzaron ofensivamente creyendo que los “idiotas” nunca reaccionarían.

Acaso no tuvieron un curso básico de la historia de México que con tanta elocuencia narra las consecuencias de estirar la cuerda más allá del punto de su resistencia.

Porqué cerrar un ciclo en el devenir histórico de una entidad con tan singular orgullo socio-político, de forma por demás vergonzosa.

Puebla, baluarte de la Nación Mexicana, cuna de nuestra Revolución, hoy por hoy nos merece LEALTAD Y RESPETO.

Los poblanos estaremos más que nunca atentos al desempeño del nuevo gobierno.

Con actitud de dignidad, de compromiso, de unidad. Por el bien de todos.