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Desde que nuestro barco colisionó con un iceberg empezando el año, hemos venido dando tumbos que nos impide dejar el resuello azaroso que lastima.

Nos dicen que estamos en lo más alto de esta primera ola de la pandemia, y que pronto estará domada y que la luz del túnel ya se ve a la distancia; sin embargo, las muertes y los contagios se multiplican sin reparo esperando a cada atardecer nuevas noticias que siempre son al alza.

La enfermedad provocada por un virus muy contagioso llamado coronavirus, ha invadido todo el mundo y de tal forma que se ha catalogado como la más devastadora después de la gripe española de 1918, y que tratándose de una infección seguirá la historia natural de una enfermedad, llegando -esperamos pronto- a la última fase que se llama: rehabilitación.

Es evidente que hoy día asistimos a un momento donde el mundo se ha vuelto transparente, donde las redes sociales tienen el poder de entrar en cada rincón de la tierra, logrando cuando así se lo proponen elevar o despedazar a la gente con el poder de un clic, con la complicidad siempre del anonimato.

Bajo este tenor, la pandemia se ha difundido en un vaivén que no solo distorsiona la realidad, sino que genera un problema serio de salud que se llama: ansiedad.

La primera ola de la pandemia es este momento de infecciones multiplicadas, donde el barco se desplaza de tal manera que nos hace movernos sin sentido; nos han dicho que la jornada de sana distancia ha terminado, pero que nos quedemos en casa, y sin embargo, el presidente con ejemplo contradictorio viaja sin reparo dando banderazos por todos lados; nos insisten que el cubrebocas es indispensable y el ejemplo es que los que manejan el barco no lo usan, generando un panorama de contradicciones. Consecuencia: nos movemos ya, como si todo hubiera pasado.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha afirmado con categoría, que después de esta infracción a la cancelación del aislamiento, vendrá la SEGUNDA OLA que implicará una nueva jornada de contagios que será -y de eso son claros- con menor intensidad y de menor tiempo.

LA TERCERA OLA

Cundo el barco llamado México empezó a bambolearse por los rugidos de la tempestad, se decidió bajar el switch, y dejar la luz de emergencia solo en una sola dirección: COVID-19; todo lo demás dejó de importar y las fuerzas convocadas de todas las latitudes tenían que ser en una sola apuesta; esto, parecía desde luego lo más correcto. Sin embargo, cuando todo termine, cuando salgamos a la superficie, cuando se prendan las luces encontraremos una cubierta del barco con muchos desarreglos.

1.-SALUD

En México cada año mueren cerca de 800 mil personas por enfermedades generales, destacando en primer lugar los padecimientos del corazón con un 21%, después la diabetes y sus complicaciones con el 15.2%, y en tercer lugar los tumores malignos con el 12%.

Desde el momento en que todas las baterías se apuntaron en una sola dirección se dejó de atender en los hospitales gubernamentales, a pacientes diabéticos, hipertensos y con otras necesidades de vigilancia y control. Los tratamientos quedaron a la deriva, viendo los pacientes que estaban abandonados a su suerte. No hay citas prontas, y cuando volvamos la vista empezará esta ola de tragedias anunciadas.

La violencia intrafamiliar aumentó entre el 15 y 20 % predominantemente sobre la mujer, que ahora se invisibiliza más por la soledad y el aislamiento.

El vivir confinados muy cera del abismo, y solo escuchando el avance de la pandemia, genera inevitablemente trastornos de ansiedad y depresión que seguramente ya están explotando, pero serán magnos en la cima de la tercera ola.

2.-EDUCACIÓN

La inmensa población estudiantil de nuestra patria se ha replegado parcialmente en un confinamiento con la ensoñación de continuar sus estudios a distancia, lo que resulta en una fantasía porque para que pueda suceder requiere (sobre todo en los de educación básica) equipo elemental de conexión y un padre que los pueda ayudar. En México solo el 19% de la población de estratos económicos bajos tienen red de internet. El atraso académico es evidente, pero cobra mayor relevancia el impacto en las emociones de nuestros niños y jóvenes.

3.-TRABAJO

La tercera ola significa encontrarnos con un país empobrecido y sin trabajo, cerca de dos millones de empleos desaparecidos y la zozobra de la inseguridad y la violencia.

¿QUÉ HACER?

A pesar de que el virus como cobrador obsesivo se empeña en encontrarnos, la vida nos tiene preparada una brillante sorpresa cuando todo termine; nos dará la oportunidad de renacer y poder rectificar todo aquello que como sociedad y como individuos nos han dibujado siempre como tramposos y corruptos, dependerá de cada uno no perderse en esta ola tercera que bien nos podrá arrebatar de nuestros sueños.

El barco llamado México conducido por un capitán llamado presidente, llegará a buen puerto si entiende que su misión es conciliar, estudiar las estrellas y saber navegar con el sextante; que vea pronto la playa segura y que entienda que no es tiempo de dividir al grito de : “los que creen la transformación del país y en la 4T porque son honestos, están conmigo, y los que piensan diferente y son corruptos y conservadores están contra mí, porque ya llegó el tiempo de la definición”.

No señor presidente USTED DEBE ESTAR CON TODOS.

La tercera ola será menos tormentosa si desde ahora a pesar de la adversidad, se reanuda la atención de los miles de pacientes con enfermedades crónicas, si caemos en la cuenta de que no solo de covid-19 muere el hombre, y si asimilamos de que, a pesar de una navegación errática, los marinos sabremos remar en una misma dirección, porque el riesgo mayor es que la tercera ola se convierta en tsunami.