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Venia hace unos días caminando y me percataba que había corazones por todos lados, además de rosas, peluches, tacitas con chocolates, arreglos con globos y frases de amor – aquí activo mi modo “amargo real” porque esas frases hacen más bien referencia al enamoramiento – en fin, en estos días, todo es un caminar entre el enervante olor del 14 de febrero.

Mi danzar por esa pasarela melosa fue interrumpida por la voz de mi acompañante que me preguntaba “y ¿el día del amor y la amistad si te gusta o también eres un Grinch como con la Navidad? “

Lo que paso por mi cabeza fue: ¿Cómo se debería tomar una fecha tomada de una festividad pagana que fue adoptada por los cristianos y que con los años venideros pasó a ser uno de los tantos eslabones del consumismo? Así exactamente como la Navidad.

Y es que déjenme contarles que por el año 354, entre el 3 y 15 de Febrero, los romanos celebraban la fiesta de los lupercales, en honor a la fertilidad y en la cual se veían correr más cuerpos desnudos que en la playa de Zipolite.

En ella, un grupo de jóvenes (llamados luperci) ofrecían sacrificios a los dioses en una cueva donde se dice habían sido nutridos los fundadores de la ciudad: Rómulo y Remo, quienes al ser abandonados fueron alimentados por una loba llamada Luperca y un pájaro carpintero, los animales sagrados del dios Marte – quien por cierto era su papá -.

Se dice que una día, en que las mujeres de Roma se volvieron estériles, estos hermanos preguntaron al oráculo de la diosa Juno que debían hacer, la respuesta fue: “que os fecunde un macho cabrío velludo” y esto bastó para dar origen a una de las fiestas más hardcore de la historia romana.

De los adolescentes más ilustres de la ciudad, eran elegidos los Luperci, estos, se reunían cada 15 de febrero en la gruta del Lupercal, allí, los sacerdotes sacrificaban un perro o un macho cabrío – que eran considerados animales impuros – y con su sangre marcaban la frente de los luperci.

Acto seguido, se cortaba la piel de los animalitos en tiras y hacían una espacie de látigos que llamaban “februa” (que por cierto se piensa que de aquí posiblemente deriva el nombre del mes de febrero). Desnudos – o aquellos que eran más pudorosos tapados con algunas de estas tiritas – golpeaban todo lo que encontraban a su paso, con lo cual las cosas se purificaban.

A las mujeres, se dice, estos cariñosos golpes, las volvían más fértiles al ponerse sus carnes de color púrpura. Finalmente, se hacía una rifa en la cual cada hombre se hacía acreedor de una mujer con la cual tendría que copular mientras duraba la festividad. Es innegable que el amor (carnal) estaba en el aire, aunque, seguramente, el equivalente al mes de noviembre estaba lleno de nacimientos, tal como nosotros en nuestros días.

Sin embargo, en el 494, ya con el cristianismo instalado, el Papa Gelasio I fue el que vino a acabar con la diversión y condeno esta fiesta por su alto contenido sexual. Para acabar con ella recurrió a “tapar” la fecha con la de algún santo y fue así como desde este año se celebró el primer día en honor a San Valentín, solo que entre las prisas, no se sabe a ciencia cierta a cual de los tres “Valentines” ejecutados en tiempos del imperio romano se refería, sin embargo la mayoría se lo ha atribuido al que nos presenta una historia más melosa y cursi.

Valentín, que era un antiguo médico que había decidido convertirse en sacerdote, se opuso a la ley del Emperador Claudio II la cual impedía a los soldados casarse y por ello celebraba matrimonios secretos. Al ser descubierto, se ordenó su aprensión y lo hicieron colgar los tenis el 14 de febrero del 270.

En 1382, Geoffrey Chaucer, un escritor inglés, escribió un poema titulado “El Parlamento de las Aves”, como regalo al aniversario de bodas de Ricardo II y Ana de Bohemia.

Entre las letras de este poema de 700 versos se encuentra uno que se cree es la primera referencia que vincula el Día de San Valentín con los enamorados: “Pues esto fue en el día de san Valentín cuando todas las aves van ahí a escoger su pareja”.

Años más tarde y gracias a muchos escritores nos entregamos a la idea del “amor” tal como lo concebimos ahora e incluso yo, he caído en las redes del consumismo y el quiebre de cabeza pensado que regalar en este San Valentín.

Sin embargo, deseo, sirva el día de pretexto para abrazar de más a nuestros cercanos.