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Madrecita.
Madrecita, madrecita,
blanca flor de cantarrana,
suave encanto de mi vida
dulce amor que nunca engaña.
Quien te mira ya te admira,
espejo que no se empaña;
la virtud bien aprendida,
de sufrir siempre callada.
Arañita laboriega,
Que en el rincón de montaña
Tu telita primorosa
en silencio teje y guarda.
Una vida encantadora
De ternura delicada;
de paciencia bondadosa,
dulce amor que nunca engaña.
(Rómulo Gallegos)

Posiblemente desde 1531 cuando se apareció la Virgen de Guadalupe, se empezó a entretejer, a esculpir la figura de nuestra sacrosanta y nunca bien y completamente amada MADRECITA, la de la cabeza blanca, la que solo sabe sufrir, llorar y servir. O ¿qué no estoy yo aquí que soy tu madre?

Resulta pues imposible pensar al menos que nuestras madrecitas tengan sueños, fantasías, u orgasmos, sería tanto como quebrantar, violar el perfil de una mujer que por obra de quién sabe quién, con el simple hecho de hacerse madre pierde la capacidad de: sentir, excitarse, soñar, imaginar fantasear, gozar, seducir, inventar, renovar, pecar… no es compatible una cosa con la otra.

La época actual, la de las chicas “Vanidades” o las chicas “T.v. y novelas” ha abierto una luz al final del túnel, la mujer actual, la moderna, lucha por preservar aún después de ser madre su ejercicio pleno de su sexualidad, de su erotismo.

Lamentablemente todavía son las menos, y pocas sean las que se atrevan en este 10 de mayo solicitar un regalo diferente. Ver.. Una noche de copas, una noche loca.

Los roles estereotipados roles son, y allí están para que la mujer mexicana entre en su metamorfosis desde el momento que se casa, para convertirse una vez hecha madre, en la abnegada, la insensible para cualquier cachondería, la anorgásmica, que serán los atuendos indispensables para ser “buena madre”.

Pero nosotros mismos contradictorios somos, nos inspira más una mamá con estas características, que la mamá desinhibida, abierta, que sabe interactuar, porque luego luego se cataloga como “loca”; la madre joven que se perfila para ser la digna cabecita blanca, debe dejar a un lado como un abrigo a la entrada de una fiesta, su ser mujer sexual.

Es ocioso buscar los orígenes de nuestro proceder, sería suficiente el repasar a Samuel Ramos o a Octavio Paz. Pero, veamos a quemarropa nuestros sentires y nuestros procederes en relación a la madre:

Nos ofende como nada una ¡mentada de madre¡, pero al mismo tiempo nos decimos: ”¡qué poca madre¡ (Quizás por eso tenemos una madre en común, la emperatriz de América la Virgen de Guadalupe”)

Esta misma palabra puede significar al mismo tiempo cosas opuestas: ¡ESTÁ A TODA MADRE¡ o ¡ESTÁ FEA DE A MADRES¡, ¡te voy a agarrar a madrazos¡, o cuándo hay miedo: ¡en la madre¡

No existe mejor arrumaco a las exuberancias de una mujer guapa que la frase cantada: ¡mamacita¡.

Y en este 10 de mayo sería de poca madre sino se les festejara, sino se les obsequiara: desde una licuadora, el horno de microondas que tanto ha soñado tener, la estufa, la colección de una jarra y 5 vasos, en fin, utensilios que refuercen su vocación de servicio (como los políticos).

Pero nunca falta el hijo ¡mal nacido¡ ¡sin madre¡ que no acude a felicitarla, y será el motivo de llanto, de tristeza.. Pero para eso tendrá los demás hijos, que muy de mañana la despertaran con las mañanitas y con el consabido almuerzo que la Reina de la casa tendrá que preparar.

Para otros la salida al Vips será obligada, una comida para la merecedora de todo, aunque tenga que esperar más de dos horas en una fila interminable.

Hoy por ser día de las madres, sí, tú, tu que puedes arrancar de los recuerdos tirones de realidad, regálate este día, además de los regalos que seguramente llegarán un regalo para ti, por qué no, ¡¿una noche llena de seducción y regocijo?