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La mente es nuestra fuente de poder, de ahí emanan los pensamientos más sublimes o más grotescos, ahí reside la fuerza para levantarnos o hundirnos. Todo se activa y resguarda ahí. Estoy convencida de que podemos sanar nuestro cuerpo con nuestros pensamientos. He conocido historias de personas que han enfermado gravemente y mediante los pensamientos han vuelto a sanar; sé también que podemos hablarles a nuestras células para regenerar algún tejido de nuestra piel, para sanar una herida interna, para estar más lúcidos o tener un mejor funcionamiento de nuestro cuerpo. Hoy en día existen documentos científicos que demuestran que las células piensan y hablan, que son entes inteligentes capaces de comunicarse entre sí.

Conozco y he puesto en práctica este método para sanar, mediante la visualización, imaginando como entramos a la parte afectada de nuestro cuerpo (en caso de que el daño sea interno) y hablándole a nuestras células. Así también, si nos llenamos de pensamientos y sensaciones negativas, estamos enviando esa frecuencia y ese sentir a nuestras células haciendo que se retrase el sanar o tener un mejor estado de salud. La clave está en ser conscientes del poder que tenemos y como lo usamos para nuestro bien.

Para comenzar este método primero hay que respirar suave y profundamente hasta estar totalmente relajados, nos centramos en el punto de dolor o malestar físico, visualizamos nuestro cuerpo, visualizamos el interior de nuestro cuerpo, de nuestras células, hacemos un viaje hacia el interior de nuestro cuerpo. Una vez conectado con tu cuerpo a un nivel más profundo, ayudado por la respiración y la visualización, con mucho amor y agradecimiento, nos dirigimos con palabras a las células, viendo como cada una se enciende, se llena de luz, se prende en cadena junto con las demás y comienzan a irradiar de esa luz en nuestro ser.

Practicando continuamente esto podemos lograr una rápida sanidad, rehabilitar algún órgano, regenerar algún músculo y volver a ser funcionales. El poder de nuestra mente es ilimitado, ahí solo pensamos nosotros y nadie más por lo que tenemos el control total de nuestros pensamientos.

Esta es una de tantas formas que existen para sanar. Todo en la naturaleza está conectado. Hablar con nuestro cuerpo nos permite entrar en sintonía con la sanación.

“Si acaso, mi amigo, tu salud flaquea, ¡háblales a tus células con honda emoción! pídeles que cumplan bien con su tarea,

y que restablezcan su óptima función. Dirígete a ellas de forma serena, y con la inflexión que mejor te cuadre, con el tono dulce de una madre buena, o con la firmeza con la que habla un padre. Pero siempre hazlo de manera suave, como si le hablaras al ser más querido, ¡porque en el amor reside la clave para que el mensaje sea correspondido! Y diles las frases que surjan de adentro, las que más te nazcan desde el corazón: “¡vuelvan, mis amadas, a su justo centro, recobren ya mismo su alta perfección! ¡Restauren ahora la exacta plantilla de vuestro perfecto diseño inicial!.

Recuperen, niñas, la luz que más brilla ¡la de vuestra impronta completa y cabal! Las amo, pequeñas, y les agradezco

que aquí, en este instante, reciban mi amor, y que restablezcan lo que me merezco ¡que mi ser recobre todo su esplendor!”.

“Cuando tú sostienes, con suave insistencia, ese sentimiento de alta apreciación, creas un efecto llamado “coherencia”

en el magnetismo de tu corazón. Y como ese campo se halla conectado con el vibratorio Campo Universal, nos responde siempre… si le hemos hablado con su propio idioma el “emocional”. Ellas, de ese modo, “captan” tu mensaje, perciben “la carga” que lleva tu acento, y vibran felices de darle hospedaje al amor que envías con tu pensamiento.

Y así, agradecidas de que al fin les hables con tanta ternura, con tanta atención, responden veloces a tu trato amable

apurando el curso de tu curación. ¡Háblales, amigo, con genuino afecto, y mientras les hablas, “siéntete” sanado,

saludable, fuerte, vital y perfecto, con tu cuerpo entero todo iluminado! ¡Has que ese cariño se torne ostensible, has que lo transmita tu tono de voz, y te darás cuenta que no hay imposibles para aquél que asume que es parte de Dios!”

Debemos ser bien conscientes del poder de la mente. Si cierras los ojos y piensas con amor en otra persona, estarás ayudando a aumentar la frecuencia y vibración de él o de ella, lo mismo sucede con nuestras células.

Cada célula reacciona a lo que dice tu mente especialmente a la creencia/emoción que hay detrás de las palabras, la negatividad es un poderoso enemigo que debilita el sistema inmunológico, por lo tanto, el cuerpo refleja los pensamientos que tenemos. Somos las únicas criaturas en la superficie de la Tierra capaces de transformar nuestra biología mediante lo que pensamos y lo que sentimos. ¡Háblales a tus células!