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Guillermo y Nina se conocieron en la iglesia. Luego salieron para comer algo. “Hablamos por horas”, dice Nina. “Nunca había conocido antes a alguien con quien pudiera entenderme tan bien y tan rápido.

Esa primera noche lo conocí mejor que a todos los otros muchachos con quienes había estado saliendo. Le conté cosas de mí que nunca había compartido con nadie. Salimos todas las noches de esa semana y entonces Guillermo me hizo una propuesta matrimonial. Yo estaba de acuerdo y acepté”.

Guillermo también recuerda esa primera semana: “Nina era la chica más inteligente y hermosa que alguna vez haya conocido. Me costaba sacarle los ojos de encima. Quería tocarla y retenerla. Ella tenía una fuerte atracción sexual. Nos vimos todos los días. Yo estaba hechizado. Nunca amé a nadie de la manera que la amé. Sabía que era así. Teníamos que casarnos”.

Guillermo y Nina se casaron un mes después de haberse conocido. Cuatro meses después se separaron e iniciaron los trámites de divorcio.

Dos buenas personas, honestas en sus sentimientos del uno hacia el otro, se casaron para descubrir que su matrimonio estaba roto y sus esperanzas derrumbadas. ¿Cuál había sido el error? Sencillamente, no se conocían suficientemente.
Fueron víctimas de un noviazgo trágico.
Mira antes de saltar

La más grande tragedia de un noviazgo es contraer enlace antes de haber superado la onda de sentimientos al rojo vivo, para encontrarse más tarde que uno está casado con una persona totalmente incompatible. La sociedad le pone como etiqueta a esta experiencia: “Matrimonio fracasado”, cuando en realidad lo que ha fracasado es el noviazgo.

Más de un millón de divorcios se registran por año en los Estados Unidos solamente. La mayoría de estas parejas se casaron dentro de los primeros siete meses de haberse conocido. La duración promedio de estos matrimonios es de siete años y alrededor de la mitad de los casos se desintegraron dentro de los primeros tres años. Todas estas parejas se presentaron ante el altar con los ojos brillantes de alegría, prometiéndose amor y fidelidad eternas y jamás imaginaron que estaban cometiendo la más grande equivocación de sus vidas. ¿Qué pasó con esas charlas plenas de refulgentes estrellas en los ojos, tiernas promesas, miradas prolongadas, abrazos estrechos, besos apasionados y los susurros de amor?

Las palpitantes emociones no dan lugar al buen sentido y la gente se apresura a tomar compromisos que puede lamentar en los años venideros. No existe tal cosa como el amor instantáneo. Las relaciones fuertes y duraderas se establecen sobre extensos períodos de tiempo cuando “tratando de conocerte” es el tema mayor. Es por esto que hago énfasis en bajar la velocidad y mirar cuidadosamente antes de saltar.

Etapas del noviazgo

El noviazgo se desarrolla a través de siete etapas. Cada una tiene su función y propósito al establecer la base para la relación. Si se abrevia o elimina cualquier etapa, se produce un vacío de desarrollo en la relación y ello acarreará problemas.
Etapa 1: Amistad. Durante la amistad cada uno trata de conocer al otro mientras participa de actividades no románticas, sociales, recreativas, espirituales e intelectuales. La mayoría de dichas actividades son de orientación de grupo, opuestas a las orientadas hacia la pareja. Esta etapa es más informal y menos emotiva que las etapas finales del noviazgo, pues no existen matices románticos o sexuales.

La amistad es menos tensionante que el noviazgo, porque la amistad no es noviazgo y no hay necesidad de representar papeles. Con frecuencia los amigos son más honestos entre sí que los novios y esto es posible porque los amigos llegan a ser emotivamente más profundos que los novios.

Llegar a ser amigos antes de involucrarse románticamente tiene mucho sentido. Si tú te enamoras demasiado rápido y la relación no funciona, muy difícilmente volverás a ser amigo otra vez. Si tú te tomas el tiempo para conocer a alguien a nivel de amistad primero y dejas que el amor crezca lenta y gradualmente, estarás más próximo a tener un amigo o amiga para toda la vida sea que te cases o no con esa persona. Más aún, los idilios que brillan instantáneamente, habitualmente se consumen así de rápido. Y es muy posible que seas juzgado o juzgada por cualidades superficiales como tu apariencia o tu estructura física antes que por tu carácter.

Es más difícil mantener una buena amistad que ser novios. Lo más fácil de hacer cuando encuentras a alguien que te resulta atractivo o atractiva es subir a altas revoluciones dándole todo lo que tiene para disparar. Es infinitamente más difícil sacar el pie del acelerador y moverse lentamente cuando no hay curvas, desvíos o rutas cerradas a la vista. Pero eligiendo ir rápido la ruta fácil raramente desarrolla una relación duradera debido a que cuando surgen los conflictos la tendencia es tomar la salida más fácil, que es salirse de la ruta.

Etapa 2: Citas casuales. Dos amigos se separan del grupo para compartir actividades que ya saben que disfrutan juntos. Como el grado de integración emocional entre ellos es bajo, ambos tienen libertad de salir con otros. No se consideran a sí mismos enamorados. Los momentos placenteros son compartidos junto con una amistad que puede prometer algo para el futuro.

Una pareja debería mantenerse en la amistad y la cita incidental por seis o doce meses. Este es el tiempo que se toman para conocer sus gustos, lo que no les agrada, el origen de los hábitos y conductas. Si lo que ellos aprendieron en este ritmo sin apuro se corresponde con lo que están buscando podrán entrar lentamente dentro de la tercera etapa. Es posible mantener la amistad por meses y hasta años sin estar románticamente involucrados.

Etapa 3: Relación especial. Esta es una etapa intermedia. Hay un creciente afecto entre los componentes de la pareja, pero todavía no han alcanzado e] grado de dedicación que requiere una relación más firme. Están dedicando más tiempo juntos pero no están participando aún de una relación más afianzada.

Etapa 4: Relación firme. En esta etapa hay un entendimiento entre ambos por el que no saldrán con otros. Cada uno ve al otro más a menudo que en la relación incidental o casual. Por primera vez tienen lugar las palabras dedicación y exclusivo. La relación más sostenida provee una oportunidad de observarse el uno al otro con más cuidado aunque sin compromiso de matrimonio. Esta etapa prueba también la relación con mucho más cuidado. Revela si las dos personas involucradas son capaces de mantenerse dedicadas a la misma relación, un hecho vital que debe conocerse antes de considerar el matrimonio.

En esta etapa los componentes de una pareja pueden pensar que están enamorados cuando todavía pueden no tener esa certeza. Pero existe la oportunidad para ellos de desarrollar confianza y seguridad en una persona del sexo opuesto sobre un período extenso de tiempo. Durante esta etapa pueden observarse muchos rasgos de la personalidad: sentido del humor, capacidad de escuchar, modales, espiritualidad y madurez, manejo de diferentes opiniones y habilidad para comunicarse.

La relación estable ofrece un serio período de prueba durante el cual una pareja puede tomar decisiones inteligentes sobre su compatibilidad. Esto también implica un aumento de los sentimientos de amor mientras la pareja dedica más tiempo a estar a solas.

Las urgencias sexuales pueden explotar latiendo a un alto nivel continuamente. La sexualidad ahora podrá confundir las emociones y complicar el proceso de separar la infatuación del amor real. Una relación afianzada convoca al renunciamiento, la paciencia y la disciplina, rasgos que toman un largo trecho en la construcción de una relación duradera. Esto forma un puente natural para el compromiso o la instancia previa al mismo.

Etapa 5: Precompromiso. El precompromiso es la etapa en la cual una pareja comienza a discutir la posibilidad de casarse. Hablan de casarse “algún día”. Algún día: cuando terminemos de estudiar, cuando consiga un mejor puesto, cuando lo podamos pagar, cuando las circunstancias sean favorables o lo permitan. Todas las conversaciones son tentativas, pero la pareja está más segura de que están hechos el uno para el otro. Su comprensión es privada y personal en lugar de ser terminal o dependiente.
Durante esta etapa una pareja puede echar una mirada en profundidad a sus estilos de vida o personalidades, para saber si son lo suficientemente compatibles como para casarse. Mucho de lo que se acostumbraba discutir únicamente durante el compromiso formal se abre aquí para ser escudriñado. Esa manera de encarar el asunto torna el compromiso más significativo, así como reduce el número de compromisos quebrantados o rotos.

Etapa 6: Compromiso formal. El compromiso formal sigue al del “algún día” de la etapa previa. Este trae un profundo sentido de dedicación y pertenencia que no había en el precompromiso. Hay unas cuantas cosas que separan el compromiso formal del precompromiso.

Un compromiso formal sirve como anuncio público a la familia y los amigos que una pareja tiene la intención de casarse. Ello ofrece una oportunidad de ajustarse al hecho de que se formará pronto una nueva familia, y un nuevo miembro se unirá a la familia grande. El anuncio público también refuerza la dedicación. Cuanto más gente sabe del compromiso, tanto más seguro es que la pareja siga junta hasta el casamiento, al punto de que un compromiso secreto no es un verdadero compromiso.

Segundo, el futuro consorte presenta a su futura esposa un regalo que solemniza la celebración del compromiso. Este regalo es un símbolo del cometido del uno para el otro y afirma la dedicación mutua de la pareja.

Tercero, queda establecida una fecha de casamiento y se inician los planes para festejar los esponsales. Este es un compromiso de matrimonio. Por lo tanto, se deben trazar los planes para una boda. Un compromiso sin fecha de casamiento en perspectiva destruye el valor del compromiso.

Durante el compromiso, las expresiones de afecto se vuelven más intensas porque están en la transición entre el galanteo y el matrimonio. Debido a la urgencia de dar cumplimiento al deseo natural por una intimidad sin restricciones, los compromisos de una duración limitada de hasta seis o nueve meses resultan ideales.

Si una pareja ha dedicado dos años tratando de conocerse mutuamente antes del compromiso, un período breve de compromiso es suficiente.

Esta es la última oportunidad de observar al futuro socio antes de amarrarse el uno al otro para toda la vida. Este es el momento de sacar a luz cualquier diferencia sin resolver o revelar cualquier secreto escondido, revisando y volviendo a revisar cada evaluación.

Un compromiso no es un contrato sellado para siempre que fija el destino de una pareja. Es posible que una pareja pueda decidir no casarse después de todo. Este es un fenómeno muy duro y poco comentado. Del 40 al 50 por ciento de los compromisos se rompen. A pesar de lo difícil que resulta ser, todavía un compromiso roto es mejor que un matrimonio roto.