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Profesor-Investigador, Universidad de las Américas-Puebla.

Acabamos de conmemorar otro primero de mayo, Día del Trabajo. Aunque usted no lo crea, es el segundo día más conmemorado en el mundo, después del Año Nuevo. El Día del Trabajo tiene incluso más presencia que la Navidad, pues se conmemora en varios países islámicos y budistas en los que el nacimiento de Jesús no tiene la mayor relevancia. Con excepción de unos cuantos países, el 1 de mayo es un día que se recuerda en la mayor parte de América, Europa, África y Asia. Incluso en países en los que no se le ha designado como un día de descanso oficial, como Grecia, el 1 de mayo es utilizado por diversos grupos políticos para protestar.

Lo que poca gente sabe acerca de este día tan conmemorado es su naturaleza netamente anarquista. Resulta sorprendente que hasta gobiernos dictatoriales como el de Corea del Norte, que desprecian todo desafío a la autoridad, hayan convertido a este día anarquista en una parte indispensable de sus ritos oficiales. Esto es incomprensible si se considera que los anarquistas repudiaron al Estado y todo lo que implicara la sujeción del individuo a cualquier tipo de jerarquía.

¿Cómo un emblema del anarquismo se convirtió en el Día del Trabajo en gran parte del mundo? La historia no es tan complicada. En el siglo XIX, cuando iniciaron los movimientos sindicales modernos, los anarquistas se ganaron las simpatías de buena parte de los trabajadores. Competían contra comunistas y socialistas por el apoyo de la clase obrera. El anarquismo cobró gran fuerza en Italia, Rusia, España y Estados Unidos, a donde lo llevaron las enormes oleadas de inmigrantes pobres europeos que arribaron desde fines de la década de 1870. De forma casi repentina, el anarquismo se convirtió en la ideología preferida del obrero rebelde estadounidense. Dado que en Estados Unidos siempre se ha glorificado al individuo y se ha temido a la fuerza del Estado, los comunistas no tuvieron entre los obreros el mismo encanto que los anarquistas.

El 1 de mayo de 1886, los sindicatos anarquistas de Estados Unidos lanzaron la lucha por obtener una jornada laboral de ocho horas, que es el estándar en el mundo en la actualidad. Numerosas huelgas estallaron en las más importantes ciudades estadounidenses. Chicago fue la ciudad que experimentó la mayor tensión, dado que una huelga en la empresa McCormick se tornó violenta. La empresa utilizó espías, esquiroles y rompehuelgas en contra de los obreros.

El gobierno estatal la apoyó con la fuerza pública. El 4 de mayo las cosas se salieron de control, con un bombazo y enfrentamientos a balazos. Varios policías y obreros murieron. Las cifras van de 11 a 50 muertos. Siete líderes anarquistas fueron enjuiciados y condenados a muerte. Se les conoce desde entonces como los Mártires de Chicago. La ejecución de cuatro de ellos quedó grabada en el recuerdo del movimiento obrero mundial, pues antes de que se les ahorcara cantaron la Marsellesa.

Así nació el Día del Trabajo. Curiosamente, uno de los países en los que no se conmemora es Estados Unidos, donde se optó por otra fecha. Resulta irónico que el mundo conmemore un día anarquista, cuando los anarquistas fueron ferozmente perseguidos y ejecutados en varios de los países en los que el Día del Trabajo se convirtió en una fecha sagrada, como la Unión Soviética (Rusia), China, Egipto o Argentina, entre muchos otros.

Por supuesto, uno de estos países hipócritas es México. Tanto Porfirio Díaz como los gobiernos que surgieron de la Revolución Mexicana fueron inclementes en la represión sobre los anarquistas porque éstos siempre despreciaron su falsedad y corruptelas. Irónicamente, cada 1 de mayo el oficialismo oportunista, ya sea panista, priista, perredista o morenista, los seguirá recordando.


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