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El consumismo es la compra o acumulación de bienes y servicios considerados no esenciales.

En la actualidad vivimos en un mundo desechable, la ropa que usamos tiene que ser de un determinado color, largo, tela, estilo, temporada y moda, si no cumple estos requisitos, sencillamente la eliminamos del guarda ropa, a veces  la regalamos y sabemos que quien la reciba la va a utilizar por un tiempo, pero en muchas ocasiones se va directo a la basura, y como las telas que usamos ya no son de origen natural, como el algodón y la lana, dichas prendas pasan a ser un elemento más en el cúmulo de contaminantes.

En una sociedad que respeta el medio ambiente, la ropa se utiliza hasta que ésta realmente se descompone, se compran telas resistentes, y no importa tanto la moda, estilo o color, si no el fin único que es el de cubrir y proteger.

En Europa, los países que sufrieron guerra, hambre, peste, tienen una cultura diferente en cuanto a la ropa, ésta se va reuniendo en centros de acopio, cuando ya no te queda, y de allí se vuelve a vender y comprar, y eso lo hacen hasta las familias más acaudaladas, evitando así el consumo indiscriminado y por ende el exceso de deshechos.

La ropa se heredaba al hermanito o al primo, las camisetas se convertían en trapos de sacudir, en fundas para cojines, o para proteger la vestidura del auto, con las calcetas se hacían trapeadores y con los calcetines tapetes, las camisas en mandiles, se zurcía y ponían parches en codos y rodillas, se volteaban cuellos, y pegaban botones, se cambiaban los sierres descompuestos, y hasta se rescataban fragmentos de tela, que se recortaban en cuadros con los que se hacían vistosas colchas de parches.

Ahora además de invertir una gran cantidad de nuestro presupuesto en modas, el consumismo nos hace desechar en ocasiones hasta sin utilizar.

Nuestro mundo no es desechable, y los recursos son limitados, compremos conservadoramente y démosle el mejor uso posible a los objetos que adquirimos, es cuestión de conciencia.