Select Page

La princesa del cuento que a continuación les contaré, nació en un hogar donde el Rey, su padre, era un hombre que no mostraba ningún afecto, no sabía dar abrazos, ni expresar palabras de amor, no platicaba ni jugaba con ella, sin embargo, él siempre estaba presente como figura de autoridad sin emitir alguna emoción.

Conforme la princesa crecía se daba cuenta que no tenía quién la protegiera, pues muchas veces fue presa de burlas y malos comentarios entre sus compañeros de escuela; llegada la noche tenía ganas de platicar con su padre acerca de todos los sucesos de su día, pero él siempre estaba distraído, metido en su mundo planeando nuevas guerras.

Cuando ella ganaba algún reconocimiento por ser la mejor en la escuela, el Rey nunca estaba presente, tampoco lo estaba en sus cumpleaños ni fechas importantes, finalmente un día el Rey tuvo que liderar una nueva guerra y se fue; y como ésta guerra duro muchos años, la princesa sintió que la había abandonado para siempre.

El tiempo pasó y la princesa fue creciendo, sin saberlo buscaba relaciones tóxicas, pues la ausencia de afecto de papá era lo que había creado este comportamiento.

Ella no podía mantener un noviazgo sano sin que hubiera un total apego de su parte hacia la otra persona, lo que traía como consecuencia que sus parejas huyeran y la abandonaran; pensaba que amar significaba sufrir y todas sus pláticas con sus amigas siempre giraban en torno a su nueva pareja. En muchas ocasiones justificaba los malos tratos, desaires e indiferencia, argumentando que ella se sentía atraída a personas así, pues no la atraían los hombres amables, estables y confiables ya que le parecían aburridos.

Su amor propio estaba por los suelos y en el fondo no creía merecer felicidad. Necesitaba con desesperación controlar a sus parejas y sus relaciones debido a la inseguridad que había experimentado en la niñez.

Como la aterraba que la abandonaran, a veces ella hacía que la relación se disolviera antes. Acostumbrada a la falta de amor, estaba dispuesta a esperar, conservar esperanzas y esforzarse más para complacer.

Vivía en un mundo de fantasía esperando que el hombre con quien era tan infeliz se transformaría en el príncipe que ella quería y anhelaba.
Con el paso de los años la princesa se dio cuenta de que todo esto la llevaba a la depresión, no era feliz, no podía realizarse emocionalmente, estaba tocando fondo…

Comenzó a amarse, busco grupos de apoyo con otras princesas que estuvieran viviendo lo mismo. Desarrolló su lado espiritual y a diario tenía un momento para meditar o estar en oración; dejó de manejar y controlar a los demás, acepto y reconoció sus propios defectos y busco ayuda para sobrellevarlos.
Se volvió más egoísta poniendo en primer lugar sus sueños, su trabajo, sus planes.
Y lo más importante, se perdonó así misma por todo el daño que había permitido que le hicieran y también perdono a su padre.

Una mañana el Rey regresó, después de estar muchos años en esa guerra.
Para esto la princesa ya había sanado, era feliz y sin rencores, ella simplemente vio a papá y le dijo:
– “Te perdono”… y éste fue el comienzo de una nueva vida.
Este escrito está basado en el libro “Mujeres que aman demasiado” de Norvin Norwood, si te identificas, si necesitas ayuda para dejar una relación tóxica que ha dañado tu autoestima o una relación de abuso te lo recomiendo ampliamente.