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No me condenen. Sé que los protocolos sociales marcan que de religión, futbol y política no se debe hablar, pues la gente suele incomodarse, puede ser de mal gusto o simplemente se pierde la cordialidad en una plática. El porqué me decidí hacer este artículo obedece a la razón de que muchas de las cosas que precisamente está ligadas a estos tópicos suelen mal interpretarse.

La frase más polémica de Friedrich Nietzsche cae en esto último, pues por años han cargado con errónea idea de que a través de ella manifiesta su ateísmo, es más, existen memes donde así lo hacen ver.

Incluso, equivocadamente, se le ha clasificado como Nihilista (en un momento resuelvo esta duda) sin embargo para sorpresa de muchos es un gran crítico de esta corriente.

Este filósofo nació en Prusia en 1844 en el seno de una familia profundamente religiosa, sin embargo Fredy al terminar sus estudios de teología rechazó la religión y comenzó a escribir libros filosóficos que aun en nuestros días, se confunden con un pensamiento Nihilista.

Empezaré por contarles que Nihilismo proviene del latín y significa “afirmación de la nada” que por cierto  Nietzsche consideraba como una “enfermedad del ser humano” (música de suspenso) contraída por estos hermosos seres  habitantes del occidente.
Esta enfermedad, fue patrocinada por las ideas de: chan chan chan chan… Sócrates, Platón y el Cristianismo (si este último causa cierta molestia, pido disculpas anticipadas y puede dejar la lectura del artículo hasta aquí, muchas gracias).

Según nuestro filósofo, la antigua Grecia, se experimentaba dos tipos de espíritus: De este lado del ring tenemos al oscuro: El espíritu Dionisiaco, algo así como el relajado, desinhibido, desenfrenado (en resumen, todos en la adolescencia).

Del otro lado del ring: El espíritu Apolineo es el centrado, maduro, racional.

De estas dos dualidades, Nietzsche hace referencia a uno como el dios griego Apolo, quien representa la belleza de lo elevado y la contraparte es Dionisio que representa lo terrenal.

Esta dicotomía inicialmente la aterrizó en el mundo de las artes, sin embargo es innegable que hace mella en nuestras personalidades.

Un día llegó Sócrates y con la “ética” desplazó a lo Dionisiaco y lanzó la invitación para vivir una vida racional y moderada.

Más adelantito, se sumó a esta invitación Platón, su discípulo, que le echa más leña a la hoguera, dividiendo la realidad en dos: el mundo sensible – que es aquel que podemos percibir con los sentidos, es decir todas las cosas físicas, incluido nuestro cuerpo – y el mundo de las Inteligible – que es el mundo de las ideas el cual representa la auténtica realidad y solo se puede acceder utilizando la razón.
De este último deriva la “idea de Bien”, que se relaciona con buscar a Dios.

Con la idea del Mundo Inteligible, Nietzsche argumenta que Platón le da otro golpe al espíritu Dionisiaco que lo deja finalmente fuera del ring.
De aquí se toman ciertas ideas y valores que se retoman para convertirlos en religión.
Aquí, surge la idea de otros dos mundos (¿alguien dijo plagio a Platón? ) el terrenal, en el cual transitamos nuestros días y ¿percibimos a través de los sentidos?
Y el de la vida eterna, al que accedemos cuando somos “buenos” y adoptamos ciertos valores como la humildad, la castidad, la obediencia y la fe.
Nietzsche decía que todo esto limita nuestra experiencia en este mundo terrenal y al mismo tiempo, nuestro intelecto.
Si quieres vivir tu sexualidad en plenitud seguramente estarás incurriendo en el pecado de la lujuria, quieres trabajar para tener casa grande con piscina, coche con chófer a la puerta pero ¡alto! Que podrías estar convirtiéndote en un avaro.
Quieres – como diría la Sonora Santanera – “disfrutar las cosas buenas que tiene la vida” pero, seguramente al morir, arderías en las llamas del infierno.

¡Dios ha muerto! Es la invitación de Nietz para tirar por la borda todas esas ideas del bien y del mal que nos han sido impuestas y/o heredadas.
Para deshacernos de la culpa de no querer seguir un código moral y poder vivir una vida plena.
Por otro lado, dice que deberíamos borrar la idea de la “otra vida”, pues caeríamos en la trampa de limitar nuestras experiencias por la esperanza de llegar a un paraíso prometido que quizás solo sea imaginario.

Estas ideas de Nietzsche surgieron en una época en que la Iglesia marcaba la división de las cosas buenas de las que no lo eran y aunque en este siglo, el poder de esta ha ido a menos, leía por ahí, con profunda razón, que en estos tiempos hemos visto surgir nuevos “dioses”: los medios de comunicación, las redes sociales, los falsos líderes espirituales que nos van dictando a quién es positivo que sigas y a quien no, que es bueno que hagas y que dejes de hacer.

Vuelven a dividirnos en ideas, en colores, en buenos y malos. A estos nuevos “dioses” es a quien nos corresponde ahora “matarlos”.