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Estas fechas son así: luces, posadas, aguinaldos, sidra, arbolito, abrazos, familiares, cena, recalentado, regalos, Año Nuevo, uvas, chones de colores, más recalentado y Reyes Magos.

La realidad me ha alcanzado en muchas esferas de mi vida pero sin duda algo que sigo disfrutando es el día de Reyes.
La ilusión que llena los dedos al momento de hacer la famosa carta y las amenazas desde un mes antes en el que escuchaba de mis papás “pórtate bien que te están viendo los reyes y no te traerán nada”.

Aquellos 5 de enero en los que juré mantenerme despierta para verlos junto con sus animales pero en los que fracasé, pues mis ojos terminaban cediendo a los “polvos mágicos para dormir” de los cuales hacían uso para no ser descubiertos.

Sin embargo un recuerdo que sigo abrazando con el alma fue un día en el que, con una de mis primas, encontramos unas huellas de elefante alrededor de un tanque que se levantaba en medio del patio principal de la casa donde vivíamos.

Durante los años que los Reyes me visitaron, me encargué de ser una buena anfitriona, hacía pequeños aguinaldos con papel de regalo que desesperadamente abrían por la prisa que llevaban. Las galletas de animalitos y un vaso de leche tampoco faltaron alrededor de mi zapato.

Durante 14 años fui afortunada de recibirlos y si, parecerá una exageración, pero fue para mí bastante conveniente el tener una hermana diez años menor a la que recién empezaban a traerle regalos por lo que, me aguantaron en nómina un tiempo más.

Pero ¿De dónde vienen estos seres tan extraordinarios que se encargan de dibujarnos sonrisas cada 6 de enero?

La única referencia que existe en la Biblia sobre los Reyes Magos es en el evangelio de San Mateo. “Después de haber nacido Jesús en Belén de Judea, en los tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén” (Mateo 2:1-4), agrega también sobre la estrella que les guio hasta el lugar, además de los regalos que le presentaron, lo curioso del asunto es que no se menciona cuántos eran, ni sus nombres, ni edades y tampoco que fueran Reyes.

Hay quienes dicen que pudieron ser cuatro, solo que este, quien por cierto se llamaba Artabán, interrumpió su camino para auxiliar a un moribundo, llego tarde a Jerusalén y encima de eso que lo apresan, por lo que vio a Jesús 30 años después mientras era crucificado.

Henry Dyke en 1896, recogió está historia en un cuento al que título “El Otro Rey Mago”, luego en 1985 se realizó una película que por cierto se encuentra en YouTube por si desean llorar como yo cada año.

Por otro lado, los armenios – un pueblito del oriente- aseguran que fueron 12, – como los apóstoles o las tribus de Israel- sin embargo se acordó que fueran tres por el número de regalos que llevaron para adorarle.

¿Por qué se dice que son Magos? Esto es por como la palabra fue pasando del persa donde magusha era sacerdote hasta el latín magus, con su plural magi. Estos eran hombres cultos dedicados a la astrología y eran tan respetados que los Reyes iban a consultarlos antes de tomar decisiones, además de que predecían cuando empezaría o terminaría un reinado.

Profesaban el Zoroastrismo, que por cierto es una religión bastante parecida al cristianismo y de donde me atrevo a decir tomaron algunas ideas como el cielo, el infierno y el juicio final. Creían también en la llegada de un Salvador del mundo cuyo nacimiento sería anunciado con una hermosa luz en el cielo, lo que nosotros conocemos como “La estrella de Belén”.

Hago aquí una pausa para romperles el corazón, pues según Grant Mathews, profesor de Astrofísica Teórica y Cosmología en la Universidad de Notre Dame, quien ha estudiado por 10 años la famosa estrella llego a la conclusión de que esta fue producto de una alineación del Sol, Júpiter, la Luna y Saturno que se hallaban en la constelación de Aries.

Sin embargo este fenómeno astrológico fue interpretado por los Magi como la señal que estaban esperando y fue así como se lanzaron en busca del Mesías.

Con el tiempo el cristianismo creció y se convirtió en la religión oficial del imperio romano y los Reyes comenzaron a ganar más fans. Los pintaron por varios lados, los convirtieron en santos y los bautizaron con los nombres que ahora los conocernos. También por aquellas épocas en las que la iglesia buscaba cualquier “fuera de lugar” para mandar asuntos a la hoguera, se les cambiaron sus ropas persas por togas y coronas reales.

Se ocultó su origen Zoroastrista y se corrió el rumor de que cada uno de ellos representaba a los 3 continentes hasta entonces conocidos, lo que le dio más punch a la versión de que llegaron a adorar a Jesús de todas partes del mundo.

Sin embargo estos reyes siguieron viajando aún después de su muerte. Santa Elena, madre de Constantino, se encargó de realizar numerosas expediciones para recuperar reliquias sagradas – la Santa Cruz, el Titulus crusis, la sagrada túnica, la escalera Santa y la Santa Sanctorum se encuentran entre sus logros desbloqueados- entre ellos los restos de los Reyes Magos que trasladó a Bizancio, la capital del imperio, luego se perdieron pero Marco Polo que en el siglo XIII emprendió un viaje al oriente y los encontró, los llevo a Constantinopla.

Antes de morir el emperador de aquel lugar, los envío a Milán hasta que la cuidad se vio invadida por Federico Barbarroja y los sustrajo para ponerlos a disposición del arzobispo Rainald de Dassel quien construyó un altar en la catedral de Colonia, Alemania, donde en una de las cúpulas puso una estrella en lugar de una cruz como símbolo de la travesía de estos hombres sabios.

Tiempo después se adoptó la costumbre de que Melchor, Gaspar y Baltazar llevasen regalos a los niños el 6 de enero y se celebre la ocasión partiendo la tradicional rosca de reyes.

Si de ilusión se trata, está es una tradición que envuelve magia y amor que los Reyes actuales siguen depositando en los zapatos de los más pequeñitos de la casa.