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Seguramente mientras se topan con estas líneas están disfrutando de un merecido descanso o por el contrario, trabajando pero con la ventaja de tener un día mejor pagado – al menos en teoría – por hacerlo en una fecha festiva, pero ¿Qué celebramos? ¿Por qué hacemos fiesta a un librito que es poco conocido por los mexicanos? ¿Y por qué el 5 de febrero?

Corría el año de 1808, el escenario: España, que enfrentaba su guerra de 6 años. Los franceses, habían subido al trono a José Bonaparte como nuevo monarca español.

Este acontecimiento, aunque no lo pareciera, hizo eco en todo el imperio y surgieron varios movimientos que buscaban la independencia, sentando así las bases del aquel que Dirigido por Morelos e Hidalgo logro este cometido en Nueva españa años después.

El 24 de septiembre de 1810 se inauguran las Cortes de Cádiz en las que había representantes de las regiones que componían el imperio, estas tenían entre sus filas militares, altos mandos del clero y un montón de Aristócratas conservadores que desconocían a José Bonaparte.

Tuvieron la brillante idea de crear una constitución que dividía los poderes, y entre otras cosas daba igualdad a españoles y americanos y el derecho al voto (obviamente con letras bien chiquitas que solo era para gente poderosa).

En este contexto México solicitaba la eliminación de la división que existía en ese entonces por las Castas. Era una petición bastante pretenciosa, pues eliminarlas, de alguna manera obligaría a abolir la esclavitud en todo el imperio español y que todos tomaran una identidad como individuos de una sola nación.

El 25 de septiembre de 1812 entro vigor la constitución de Cádiz. Un dato curioso es que el Zócalo de la Ciudad de México – que es el nombre con el que se le conoce comúnmente a la Plaza de la constitución-, estaba formada antiguamente por una parte del templo mayor.

Las piedras, junto con algunas otras que formaban parte de algunos otros edificios, sirvieron para la construcción de una nueva plaza en 1524 dando paso también a la Catedral y al palacio del Virrey – que hoy conocemos como palacio nacional-. Durante los años siguientes sufrió varias remodelaciones, lo mismo pasó con su nombre: Plaza de Armas, Plaza Principal, Plaza Mayor y Plaza Palacio. El nombre oficial que permanece en nuestros días data del virreinato, en honor a la Constitución de Cádiz

Una nueva constitución Mexicana vio la luz en 1824 que retomó de la de Cádiz el tema del sistema Electoral, la división de territorios y de poderes y la libertad de expresión. Sin embargo estas ideas iban en contra de los pensamientos conservadores de los más fifís, lo que creo divisiones y confrontaciones – de aquí los federalistas y centralistas-. Nuestra actual constitución, promulgada en 1917, tomaría también como base las ideas de Cádiz.

¿Cómo es que nació esa?

Recordaran que después de una serie de intrigas y traiciones estilo “Game Of Thrones”, Victoriano Huerta sube al poder y al querer derrocarlo, surgen varios movimientos en distintos puntos del país, liderados por Pancho Villa, Emiliano Zapata y Venustiano Carranza, quien por cierto nombro a su ejército “Constitucionalista”.

Después de que a estos tres los unía un mismo fin, dejaron de entenderse y decidieron ir cada uno por su lado.
Carranza llevaba en mente su plan constitucional, el cual siguió, por lo que lanzó una convocatoria para nombrar diputados que representaran a los estados que conformaban el país, uno por cada 60 mil habitantes, lográndose reunir finalmente en octubre de 1916 en Querétaro en lo que se llamó “El congreso constituyente”.

En esta sesión, además de los ya mencionados, acudieron personas de otros rubros: mineros, campesinos y periodistas. Al ser personas muy diversas, se logró dar un matiz muy social a la constitución, sumando también las peticiones y demandas que se hicieron durante la Revolución Mexicana que quedaron escritas en los artículos.

Carranza publica oficialmente el documento el 5 de febrero de 1917 y es la que se encuentra vigente hasta nuestros días. Se han hecho miles de reformas, tantas que se dice que la original constaba de unas 22 mil palabras y en la actualidad llega casi a 60 mil.

Debemos mucho a esta constitución, que independientemente de concentrar nuestros deberes y obligaciones, en cierta parte a velado por nuestro bienestar laboral.