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Texto: Así empezó la buena noticia de Jesús, Mesías. Hijo de Dios.
Como estaba escrito en el profeta Isaías: “Mira, te mando mi pregonero por delante para que te prepare el camino» (profeta Ml 3.1). Una voz grita en el desierto: preparadle el camino al Señor, que se pongan llanos sus caminos” (Is 40,3).

Se presentó Juan en el desierto y se puso a bautizar: pregonaba un bautismo para que la gente se arrepintiera y se les perdonaran los pecados.
Allí acudía toda la gente de Judea y todos los de Jerusalén, decían los pecados que tenían y Juan los bautizaba en el río Jordán.

Juan iba vestido con ropa de pelo de camello, con una correa de cuero a la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre. Lo que pregonaba Juan era esto: «detrás de mí viene el que es más fuerte que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle la correa de las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

Por aquellos días llegó allí Jesús, que venía desde Nazaret de Galilea, y Juan lo bautizó en el río Jordán. Y enseguida, mientras Jesús salía del agua, vio que se abría el cielo y vio también al Espíritu que bajaba hasta él como si fuera una paloma. Y entonces se oyó una voz del cielo que decía: “Tú eres mi hijo, al que yo quiero más que a nadie”.

Enseguida el Espíritu empujó a Jesús y se lo llevó a un desierto. Estuvo en aquel desierto cuarenta días, el demonio lo tentaba [lo ponía a prueba], estaba con las fieras y los ángeles estaban de su parte [lo servían]. Cuando metieron a Juan en la cárcel. Jesús se fue a Galilea para pregonar de parte de Dios la buena noticia. Esto es lo que Jesús le decía a la gente: “se ha cumplido el plazo, ya llega el reinado de dios, tienen que cambiar de vida y creer en la buena noticia”. ( Mc 1,1-15).

Aclaraciones: “Así empezó la buena noticia”.

Esto quiere decir lo siguiente: Jesús enseñó la buena noticia. Pero de eso hace ya muchísimo tiempo. y todos sabemos que con el paso del tiempo la gente cuenta malas noticias, porque algunas cosas se olvidan o porque a lo mejor hay cosas que se las callan algunos, porque no les interesa que se sepa todo lo que pasó.

Eso es lo que pasa ahora también con la Buena Noticia que enseñó Jesús: algunos la cuentan mal porque no se la saben toda y porque se callan algunas cosas, o porque cuentan las cosas al revés. Por eso el evangelio dice: “Así empezó la buena noticia”.

Hay que volver al principio para ver así -y solo así- lo que es la “Buena Noticia” de Jesús. Esta Noticia tan Buena empezó con el pregón de Juan el Bautista, que se presentó ante la gente para preparar el camino a Jesús. Esto estaba escrito desde los tiempos de los antiguos profetas, varios siglos antes de que Jesús naciera. Juan preparaba el camino a Jesús bautizando a la gente.

Aquel bautismo no era como el de ahora. Juan metía a la gente en el río y luego la sacaba. Cuando uno se mete en un río pueden pasar dos cosas: o que se bañe (y se lave) o que se ahogue.

El bautismo de Juan representaba y quería decir estas dos cosas:

1) que la gente tenía que limpiarse de todo lo malo que había hecho;

2) que cada uno tenía que ahogar y matar su pasado, la mala vida que había llevado.

El Evangelio es siempre comienzo, punto de partida de una vida nueva, que quiere ser mejor. El relato de Marcos dice que “allí acudía toda la gente de Judea y todos los de Jerusalén”, o sea, que vino la gente en masa, de los pueblos y de la capital. Esto quiere decir que toda aquella gente reconocía que se portaba mal, se hacían daño unos a otros y cometían muchas maldades.

Por eso, para remediar aquella situación, “Juan se presentó en el desierto”, es decir no estaba metido en aquel mal ambiente.

La Buena Noticia no empezó en el templo, dónde estaban los sacerdotes, ni en la ciudad donde estaban los ricos y la gente de estudios. La Buena Noticia tuvo su comienzo, su punto de partida, en el desierto. “Juan iba vestido” como un miserable y comía la comida de los más miserables.

La Buena Noticia no empezó donde está la gente instalada, los que manejan el capital del mundo y los poderes de este mundo, los que dominan o los que quieren dominar a los demás. Lo que pregonaba Juan era esto: Juan le decía a la gente que el bautismo de Jesús era mejor que el suyo.

Porque el bautismo de Juan representaba la muerte (ahogarse en el agua), pero el bautismo de Jesús representaba la vida (recibir el Espíritu). “Por aquellos días llego allí Jesús”. Jesús fue también a donde estaba Juan. Jesús se metió entre la gente, es decir, se presentó como un hombre más del pueblo.

Jesús no quiso ni privilegios ni distinciones, decidió vivir como vive el pueblo sencillo, pasando los mismos apuros que pasa casi todo el mundo. Pero Jesús no hizo nada malo, ni le hacía mal a nadie, por eso dice el evangelio que la gente “decían los pecados que tenían”, pero cuando se trata de Jesús no se dice eso. Cuando Jesús se metió entre el pueblo y cuando hizo lo que hacía todo el pueblo, “se abrió el cielo y vino el Espíritu” sobre Jesús. y dijo el Padre del Cielo: “Tú eres mi hijo al que yo quiero más que a nadie”.

Estas palabras habían sido pronunciadas en los tiempos antiguos por un profeta (Is. 42,1). Aquel profeta estaba hablando de un hombre que tenía que venir al mundo, para hacer que en el mundo hubiera justicia, pero ese hombre iba a sufrir mucho y lo iban a matar.

Jesús aceptó un destino y un encargo: sufrir y morir por el pueblo, para que en el mundo haya justicia. Y así, nadie se vea atropellado o maltratado. “Enseguida el Espíritu empujó a Jesús y se lo llevó al desierto”. Allí estaba “el demonio, las fieras y los ángeles”. Todo esto no se ha de entender al pie de la letra. Las fieras indican que Jesús va a vivir en un mundo donde lo van a querer matar. El demonio indica el enemigo del Ser humano, o sea, todo lo que hace daño y oprime al hombre: la injusticia, la explotación, el mal. Los ángeles indican que Dios está de parte de Jesús. “Cuando metieron a Juan en la cárcel”. El rey Herodes metió a Juan en la cárcel, porque aquel rey era un sinvergüenza, y Juan fue y se lo dijo a su cara. Por eso el rey lo metió en la cárcel y le cortó la cabeza (Mc 6,17-29).

“Jesús se fue a Galilea”. Conviene recordar otra vez que Galilea era la provincia de los trabajadores del campo y de los pescadores. Los dueños de las tierras y de los negocios vivían en la provincia de Judea, sobre todo en la capital, Jerusalén. Jesús, por tanto, se fue donde estaban los pobres, la gente explotada.

Y allí empezó a anunciar la Buena Noticia. Esto es lo que Jesús decía: “Ya llega el reinado de Dios”. La Buena Noticia de Jesús es que Dios va a reinar en el mundo. Es decir, que en este mundo se hará, no lo que le interesa al capital y al poder, sino lo que le interesa a Dios. Y lo único que le interesa a Dios -modelo de bondad de todos los padres- es que nos respetemos, nos queramos y nos ayudemos los unos a los otros. Por lo tanto, cuando Jesús decía “ya llega el reinado de Dios”, estaba dando una buena noticia, porque eso quería decir que Dios va a establecer la justicia en el mundo.

Tarea: Esta justicia consiste en que Dios va a defender a los pobres y a los humildes; y se va a poner de parte de los que no pueden defenderse por sí mismos, que eso era “hacer justicia”, según las tradiciones del Antiguo Oriente.

Luego, con el paso del tiempo, el Derecho Romano, primero, y el poderío de los imperios de Europa, después, han conseguido que “hacer justicia” sea, en la práctica, “defender la propiedad”. Lo que, tal como está la vida, es defender a los que tienen poder económico y político. Además, Jesús no quiso imponer la justicia por la fuerza, como si él fuera un militar o un político. El camino que propone Jesús para que en el mundo haya justicia es distinto: “tienen que cambiar de vida y creer en la buena noticia”, que eso, ni más ni menos, es EL EVANGELIO.

Tener fe no es lo más importante que nos dijo Jesús. Lo más importante es vivir de manera que pasemos por este mundo contagiando bondad, justicia, respeto y felicidad. El que hace eso, tiene fe. El que no hace eso, por mucho que rece, no cree en el Evangelio.

Esto es, ni más ni menos, es lo que celebramos en navidad. Dios se encarnó en nuestra humanidad para mostrarnos una manera distinta de vivir, nos invita a ser mas humanos siendo buena noticia para los demás. Ser buena noticia para los demás es irradiar humanidad, la misma humanidad que Jesús irradio en su vida: consolar a los afligidos, devolver la alegría a los tristes, defender al indefenso, dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, cuidar al enfermo, visitar al preso…

Dios se encarnó para que dejemos de buscarlo donde, quizá, no lo vamos a encontrar; en el cielo, en la otra vida, en el silencio, en la intimidad, en los rezos o en el templo. La buena noticia empieza diciendo que Dios esta en medio de nosotros y habita en cada ser humano a quien debemos tratar con mucho respeto y dignidad.

Creemos que el niño indefenso que nació en Belén, fue haciéndose un hombre que aprendió a escuchar la voz de Dios, escuchando el sufrimiento de la gente. Y, actuó en consecuencia. Creemos no en una persona que fue víctima inocente, creemos en un hombre, Hijo de Dios, que murió mártir por ser fiel a sus convicciones (la voluntad de su Padre).

Así empieza la buena noticia… en lo pequeño, en lo sencillo, en la impotencia, en el desamparo… porque la presencia de Dios, en los que en él creen realiza transformaciones increíbles. Recordemos que Dios en navidad nos repite insistentemente a cada uno de nosotros: “Tú eres mi hijo, al que yo quiero más que a nadie”.

¡Feliz Navidad!

Paz, fuerza y Gozo.
Beto CSB.