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Y por fin sucedió, un día como cualquier otro te topaste con la mirada cautivadora que te robo el aliento, la respiración, el alma y la vida entera. Juras que sientes amor, porque lo miras en todos
lados, te falta el aire si no lo ves y no hay otra cosa que haga palpitar tu corazón que no sea esa sonrisa, además de que cada que se separan hay un hueco enorme en tu día y estás dispuesto a
hacer lo que sea para que esa hermosa presencia que pone sentido a tu existir no se vaya nunca.
Juras que es amor, pero ¿realmente lo es o solo estás enamorado? Porque no, no es lo mismo
¿Sabes por qué?
Primer acto: Cuando nos enamoramos, creamos expectativas con la persona que encaja con nuestros gustos y por lo general comenzamos a imaginarnos una serie de fantasías con ella,
incluso sin haberla conocido. No sabemos cómo es, ni como nos tratara pero con solo verla el corazón, los ojos y el alma se nos sale del pecho – ¡Si el famoso “amor a primera vista”! (¿Alguien
más pensó en Romeo y Julieta?) -. Lo trágico de la historia es que no nos enamoramos de la persona, sino de la creación mental, de cómo podría ser nuestra vida a su lado distintos escenarios.
Segundo acto: En la convivencia, cuando comenzamos a salir, nos vamos dando cuenta de que si, que encajamos en unas cosas – y aunque en otras no las pasamos por alto porque … – boom el
enamoramiento nos ha llegado. Aquí, ya nada es suficiente – tanto en las atenciones que damos como en el tiempo que pasamos con esa persona- y nos volvemos más cursis que cualquier figura
rosa de Hello Kitty.

En esta fase nos volvemos la competencia perfecta de Pablo Neruda con un montón de frases bien llegadoras que aparecen en nuestro léxico como: “eres el amor de mi vida” “sin ti no puedo vivir”
“si te vas me muero” ”contigo lo tengo todo” “moriría por ti” y una larga lista de meleros etcéteras, lo malo es que no lo hacemos por autentico talento sin no por enamoramiento y como este tiene un final, nuestras dulces frases también lo tendrán.

El placer derivado del enamoramiento se vuelve muchas una droga que nos hace sentir tan bien que lo que más deseamos es que sea eterno para prolongar el efecto. Y así como una droga
sucede que no podemos ver con toda la nitidez del mundo lo que sucede pues la razón queda dominada por la emoción.

Los responsables de eso son todas esas sustancias que hacen un verdadero laboratorio químico en el cuerpo, dopamina, serotonina y oxitocina se apoderan de nosotros y andamos por ahí todos
obnubilados, caminando entre nubes y corazones 24/7.

Se dice que este trance donde nuestras metas, anhelos, pensamientos y planes giran alrededor de este mágico ser dura de 2 a 3 años pues después de este tiempo surge la segunda serie de frases –
solo que ya no de miel si no de hiel -: “has cambiado mucho” “ya no me haces feliz” “ya no siento lo mismo por ti”

Es importante notar que aquí hay dos cosas: primero, las expectativas, de las que nos hemos referido con anterioridad, pues queremos empecinadamente que la persona encaje en ellas y
donde ya no tiene cabida aquello que desde un principio no nos gustaba y dejamos pasar y segundo: las transformaciones que vamos teniendo a través de los días, pues poseemos este
potencial de cambio, por lo que la frase de “no eres el mismo cuando te conocí” es muy verdadera pues, de no darse este fenómeno significaría que no hemos evolucionado. Lo triste es cuando a la
pareja ya no le acomoda esa transformación nuestra y le suman que tampoco estamos a la medida de sus expectativas y entonces todo termina por irse al traste. Todo esto es enamoramiento.

El amor es algo más allá, pues es una auténtica complicidad. Es sentir el dolor del otro por simple empatía. Es ver a la persona de manera pura y real y la aceptas tal y como es. Es saber dejar
cuando ya no hay nada más que dar. Es soltar cuando el otro tiene que volar, el apoyo. Es la unión de las almas y las conciencias. Es el querer para el otro lo que quiero para mí. Es, como diría
Jodorowsky “nada que cambiar, nada que quitar”.